Mostrando entradas con la etiqueta Estadio del Espejo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Estadio del Espejo. Mostrar todas las entradas

martes, 21 de mayo de 2013

El Narcisismo… Freud y Lacan


El Narcisismo… Freud y Lacan


 Néstor Martínez Castro 
Descargar en PDF  


Néstor Martínez Castro es Psicólogo de la Universidad de Ciencias de la Información UCINF, estudiante del Magíster en Teoría y Clínica Psicoanalítica de la Universidad Diego Portales. Correo electrónico: etumcee@gmail.com
Recibido: 12 de Febrero de 2011
Aceptado con Recomendaciones: 13 de Mayo de 2011
Aprobado: 
23 de Julio de 2011

Referencia Recomendada: Martínez-Castro, N. (2012). El narcisismo… Freud y Lacan. Revista de Psicología GEPU, 3 (1), 79 - 89.  
Resumen: En el presente texto se pretende formular una visión integradora a partir de la conceptualización metapsicológica que es el Narcisismo Primario propuesta por Freud, a la luz de los aportes de Lacan, intentando clarificar sus contribuciones y divergencias respecto de este tema. Es importante señalar de entrada, que si bien Lacan no habló de narcisismo primario, consideramos posible una lectura a la luz de este concepto haciendo cruces y diálogos entre ambos autores, con la finalidad de enriquecer el entendimiento de este periodo. Se parte de un esbozo al recorrido freudiano que haga posible visualizar cómo se manifiesta este concepto en la obra de Freud, hasta llegar al punto crucial en “Introducción del Narcisismo” de 1914, y resaltar luego la importancia de este momento en la constitución subjetiva, tomando principalmente la Teorización lacaniana del Estadio del espejo como formador subjetivo. 

Palabras Claves: Narcisismo Primario, Estadio del Espejo, Subjetividad, Psicoanálisis. 


Esbozo del Concepto

La noción de narcisismo o Narzissmus como la denominó Freud, aparece por vez primera en la segunda edición de sus “Tres ensayos de teoría sexual” (1909) en una nota al pie de página y es tomada por éste a partir de los trabajos de Ellis y Nacke. Lo siguieron algunos desarrollos en su libro sobre Leonardo da Vinci (1910) y el caso Schreber (1911), sin embargo, no es hasta “Introducción del narcisismo” (1914), cuando las ideas y reflexiones freudianas sobre este concepto llegarán a ocupar su verdadero sitial en la teorización acerca del desarrollo sexual y las relaciones que el yo establece con objetos externos.

Digamos que hasta entonces el narcisismo era considerado una perversión toda vez que refería a aquella “conducta por la cual un individuo da a su cuerpo propio un trato parecido al que daría al cuerpo de un objeto sexual; vale decir, lo mira con complacencia sexual, lo acaricia, lo mima, hasta que gracias a estos manejos alcanza la satisfacción plena” (Freud: 1914, 71)

Así entonces, el narcisismo en un primer momento es considerado una perversión, en tanto el cuerpo propio se convierte en posibilidad de satisfacción erótica, tomado este como objeto sexual. Esta idea le permite a Freud pensar en el estatuto de la elección de objeto en la homosexualidad, que en sus “Tres ensayos” forma parte de las perversiones y que en la 26º conferencia sobre Libido y Narcisismo, corresponde a una elección narcisista de objeto. Es decir, existiría un objeto donde se ama aquello similar al yo propio (Freud, 1916-17).

Sin embargo, los análisis van mostrándole que es posible ampliar esta concepción, ya que rasgos aislados de lo que entendía hasta ese momento (1914) por narcisismo, se encuentran en personas con diversas características y perturbaciones, y no tan solo en perversos.

Freud entonces, se sirve de diversas fuentes tales como la esquizofrenia, la psicología infantil, los estudios sobre la vida mental de los primitivos, los hipocondríacos y el enamoramiento, para ampliar y modificar su concepción sobre el narcisismo. Y de esta manera, el narcisismo ya no es “un comportamiento específico sino un modo a través del cual la energía sexual se vuelca principalmente sobre el yo, restando posibilidad de investir objetos” (Fliman: 2008, 69).

Deja de ser un fenómeno privativo de las perversiones, para insertarse como parte del “desarrollo sexual regular del hombre” (Freud: 1914, 71). Así es como Freud avanza en su concepción de narcisismo y que lo lleva a plantear la distinción y existencia de dos tipos de narcisismo, uno primario y otro secundario.

Narcisismo Primario y Secundario

Podemos decir que respecto del narcisismo primario es posible destacar dos puntos. El primero corresponde a la relación del infans con quien le prodiga cuidados y la satisfacción de sus necesidades; la segunda, referida a la catexia del propio cuerpo. De esta manera hallamos que el Narcisismo primario en Freud dice relación con el estado de indiferenciación propia de los primeros tiempos de la vida, que ubica a la cría humana en una situación de dependencia absoluta respecto del otro materno, principalmente por el estado prematuro de sus órganos, requiriendo del auxilio de otro para satisfacer sus necesidades, y en lo relativo al segundo punto, consignamos que se desprende del autoerotismo.

Al respecto Freud dirá que “el autoerotismo era la práctica sexual del estadio narcisista de colocación de la libido” (Freud: 1916-17, 379), en este momento vemos el estadio del espejo lacaniano, pues lo característico en esta fase para Lacan es una estructura narcisística que se pone en juego. No solo porque la libido se dirige al propio cuerpo, sino también porque para él la posibilidad de muerte por insuficiencia vital esta presente y además por “la Imago del doble” (Lacan: 1938, 56), que en definitiva no contiene al otro.

Estos dos últimos puntos son aportes lacanianos a la comprensión del narcisismo y agregará un aspecto fundamental a esta fase característica del aislamiento afectivo, fundante de la subjetividad, en tanto identificación con una imagen de la cual no puede distinguirse. Y es que “la unidad que introduce en las tendencias contribuirá a la formación del yo. Sin embargo, antes que el yo afirme su identidad, se confunde con esta imagen que lo forma, pero que lo aliena de modo primordial” (Lacan: 1938, 56), esta parece ser entonces la característica central de esta fase según Lacan… formación, alienación, unidad corporal y afectiva, ausencia de relación con el otro.

Cabe mencionar que desde el “Proyecto” (1895) Freud plantea la existencia de un tiempo primero, mítico, de felicidad absoluta. Satisfacción primordial que marcará a las posteriores, momento de “Goce” (para emplear un concepto importado de la filosofía del derecho hegeliano, por Lacan) autoerótico en el lazo indiferenciado con la madre, que deberá ser interdicto. Y donde el yo (en formación) quedará investido con los atributos de completud y al cual constantemente se tenderá a regresar. Se realizarán intentos por recuperar el trono de “his majesty the baby”. Siempre y cuando, haya otro que lo reconozca como tal, es decir, le otorgue ese lugar simbólico.

Digamos con Lacan, que en este tiempo el otro ubica al niño en posición de objeto. Situado simbólicamente como Falo Materno, este intentará identificarse con el deseo de su madre, pretendiendo colmar el vacío de esta. Es decir, deseo de deseo. Este es el primer momento del Edipo según Lacan, donde la relación madre - hijo esta muy cercana a la fusión y además donde el deseo del niño esta “totalmente sujeto al deseo de la madre” (Dor: 1985, 93), el niño esta completamente alienado en la dialéctica fálica, “ser o no ser el Falo”.

Este punto es central, es un aporte de Lacan a la comprensión del complejo de Edipo, donde en sus inicios existiría esta identificación con aquel objeto que supone colma el deseo materno.

Para Freud sin embargo, en la medida en que la madre es capaz de satisfacer las necesidades del niño (en este periodo la proximidad entre ambos, supondrá una inmediatez en dicha satisfacción), aparecerá como el primer objeto amoroso, dirá que el infans “elige sus objetos sexuales tomándolos de sus vivencias de satisfacción” (Freud: 1914, 84), la cual denominará de tipo anaclítico o por apuntalamiento, variante de la elección de objeto narcisista. Cabe mencionar que en este punto existen diferencias con lo planteado por Lacan, quien asevera que toda elección amorosa es narcisista, aún las denominadas anaclíticas.

Braunstein dirá, en relación con esta lectura lacaniana de las elecciones de objeto por apuntalamiento que “no es sino una variación de la elección narcisística en tanto que la predilección amorosa, la madre nutricia y el padre protector, no son sino los sustentos necesarios para ese yo del narcisismo” (Braunstein: 2006, 35).

Con respecto del narcisismo secundario en Freud, diremos que corresponde a un posicionamiento libidinal posterior, aparece como el resultado del repliegue de la libido sobre el yo, a consecuencia de la desinvestidura de objetos exteriores, para Lacan el Narcisismo secundario será aquel por el cual, aún tomando un objeto exterior como objeto amoroso, en el otro, se encuentra y se ama a si mismo.

Es así como de esta distinción entre narcisismo primario y secundario, Freud plantea la posibilidad de pensar la existencia de una “originaria investidura libidinal del yo” (Freud: 1914, 73), de la cual se desprenderá luego una parte de el y se convertirá en libido objetal y un resto quedará como libido yoica, las cuales tendrían entre si una relación inversamente proporcional, ya que el efectuar una mayor inversión libidinal sobre los objetos, traería por consecuencia un empobrecimiento en la libido yoica y viceversa.

Cuestión posible desde la perspectiva de Freud por el hecho de que las pulsiones de autoconservación son también de naturaleza libidinosa, es decir, pulsiones sexuales que han tomado al yo como objeto sexual (Freud: 1923). Este punto es desestimado por Lacan, quien ve la supuesta bipartición libidinal como consecuencia del efecto enajenante del atravesamiento por el estadio del espejo, haciendo posible entonces, la relación mencionada más arriba, entre narcisismo y pulsiones de muerte.

Siguiendo a Freud en esta época, diremos que en un comienzo ambas “energías psíquicas” (Freud: 1914) están unidas y no es posible distinguirlas, sin embargo, en la medida en que se van efectuando investiduras de objeto, se hace posible hablar de libido yoica o autoconservativa y de libido objetal o sexual, hipótesis que se conservará de ahí en Freud, hasta la formulación de un Más allá del principio del placer, momento en que abandonará esta dualidad pulsional, por el planteamiento que mantendrá de ahí en más, sobre pulsiones de vida y de muerte.

Salida del Narcisismo

Pero aparecen algunas preguntas, Freud plantea la existencia de dos tipos de libido, en parte como respuesta a Jung y también porque le resulta importante para graficar y entender el narcisismo, sin embargo ¿Cómo se efectúa dicha diferenciación?, ¿Qué hace posible que una libido se dirija a objetos y otra libido se dirija al yo?, si en este momento el yo se encuentra en formación ¿Cuál es el papel del narcisismo en su formación?

Dejamos en claro de antemano que las posturas de Freud y Lacan son diferentes, el primero se encuentra descubriendo a la vez que teoriza el narcisismo, por su parte Lacan no Habla de narcisismo primario y la investidura libidinal hacia los objetos es explicada de otra manera. Acá intentaremos dar cuenta de estas diferencias.

Diálogos entre Freud y Lacan

Freud dirá que uno pasa del narcisismo al amor objetal por una necesidad, para no enfermar, ya que el hecho de depositar libido sobre objetos externos ocurre “cuando la investidura del yo con libido ha sobrepasado cierta medida” (Freud: 1914, 83) y entonces para no provocar una estasis libidinal en el yo, la cual tendría efectos patógenos, se realiza la separación y distribución de libido hacia objetos que están fuera.

Esta concepción freudiana llama la atención, primero al presentar al yo como un receptáculo, como un lugar donde la libido en su carácter cuantificable, vendría a llenar y rebasar un cierto límite, un umbral.

Con la misma idea de umbral, pero explicada de manera distinta a partir de la identificación primordial con la gestalt exterior del otro en el estadio del espejo, Lacan dirá que “la imagen especular parece ser el umbral del mundo visible (…) [y hará posible] establecer una relación del organismo con su realidad” (Lacan; 1988). Es decir, que la identificación alienante con la imagen venida desde el otro, hace posible el paso al reconocimiento del otro. Esto es, en el momento que me identifico y hago mía la imagen del otro, se hace posible comenzar a distinguir al otro.
 
Sin embargo, Freud planteará un concepto fundamental en los avatares del narcisismo primario. El Complejo de Castración. Pero no avanza en esa dirección, es mas, lo deja dando votes, en suspenso. Será Lacan quien con posterioridad se refiera a la relación Narcisismo – Castración, y afirmará entre otras cosas que no tiene nada de complejo. Explicará esto como efecto del ingreso al lenguaje, al Simbólico, momento en el cual se hará posible el devenir subjetivo, en correspondencia con el Nombre del Padre. Y si anteriormente dijimos que el infans se encuentra alienado en la dialéctica del Falo, entre ser o no ser el Falo, esta referencia a otro lugar donde se dirigirá el deseo materno, instalará la dialéctica del tener.

De esta manera y siguiendo a Lacan, diremos que es el Otro en tanto lugar donde se sitúa la cadena significante, lo que dará las posibilidades para que el sujeto sea y se haga presente, el grito de malestar se transforma en demanda, y el infans deberá hacerse un lugar para habitar en la red de significantes, gracias al reconocimiento y atribución de una subjetividad otra, el sujeto es entonces “efecto del significante” (Lacan: 1964, 215), el cual al producirse en el campo del Otro hace posible su significación.

A esto nos referimos entonces cuando decimos “reconocimiento y atribución de subjetividad”. Este movimiento deberá ser realizado por el Otro Materno y atribuir una otredad en ese grito, un saber en ese llanto, en ese silencio del infante, en sus movimientos y cambios de temperatura, por poner algunos ejemplos. Todos estos signos, deben ser leídos y significados por el Otro, y solo así es como las necesidades de la cría humana, en un proceso de significación por el adulto se van satisfaciendo, se va libidinizando el cuerpo en lo que denominamos el autoerotismo, es decir,  se va narcisizando.

Y es justamente de ese paraíso desde el que se cae. Caída dolorosa y necesaria producto de la castración. Digamos que la castración en Lacan no escomo en Freud una amenaza, es “salvadora, la amenaza verdadera, la terrible, es que la castración llegue a faltar” (Braunstein: 2006, 47), lo peligroso es quedar atrapado en el Goce, en la relación simbiótica con la madre. Esta es justamente la lectura que Lacan hace de la fobia de Juanito. La castración lacaniana  indica justamente la pérdida de este paraíso Falico del narcisismo primario, que se supone en la asociación indiferenciada, gozosa con el otro Materno.

Es entonces, que el efecto salvador de la castración hará posible, perdida mediante (objeto a), la emergencia de un sujeto deseante, el cual a través de la palabra podrá simbolizar la perdida del Goce o herida Narcisista dejada por la Castración, toda vez que el deseo de la madre se dirija a un elemento tercero, el Padre. Cuestión posible en modalidad aforística, siguiendo el enunciado de Braunstein cuando señala que “en el principio era el goce pero de ese goce no se sabe sino a partir de que se lo ha perdido” (Braunstein: 2006, 41) cuando se ingresa al lenguaje.

No es la idea, extenderse mucho mas respecto de la Función Paterna o el Nombre del Padre, aquel que “le da su peso a la ley” (Lacan: 1957-58, 158), sino solamente subrayar su importancia en la constitución subjetiva, a partir justamente del corte (Ley) que ejerce en el goce de la díada madre-hijo, cuestión que hará posible la sexuación en tanto remite al Edipo, como triangulación deseante referente a un cuarto elemento, al que Padre-Madre-Hijo dirigirán su deseo… el Falo.

Implicancias
“El desarrollo del yo consiste en un distanciamiento respecto del narcisismo
primario y engendra una intensa aspiración a recobrarlo”

 - Freud (1914, 96)

Tomando esta cita, diremos que en el narcisismo primario se juega algo decisivo en la constitución subjetiva de cada uno de nosotros, para Freud este distanciamiento es efectuado por acción del desplazamiento libidinal desde el narcisismo al ideal del yo. Es decir, que si el Yo ideal corresponde al “amor de si mismo de que en la infancia goza el yo real” (Graiño 2007, 12), por efecto de la castración se abandonará estas primeras satisfacciones narcisistas y se intentará recuperarlas por el desplazamiento hacia el Ideal del Yo.

Siguiendo a Lacan, el efecto salvador de la Castración se encuentra entonces en que nos libra del Goce. Este Ideal del Yo cumple además, en el plano simbólico, la función de regular la estructura imaginaria, las identificaciones y los conflictos presentes en sus relaciones con sus semejantes (Chemama: 1996).

Distingamos algunas de las implicancias que se desprenden de este momento crucial de ingreso al orden Simbólico:

En Freud, del narcisismo resignado como parte del ingreso a la cultura, deviene el Ideal del Yo, “instancia psíquica que elige entre los valores morales y éticos requeridos por el Superyo aquellos que constituyen un ideal al que el sujeto aspira” (Chemama: 1996, 209) y con el que se medirá y hará posible la represión de algunos contenidos que entren en conflicto con dicho ideal.

Esto, con todo lo que implica en cuanto relaciones sociales, con la autoridad y con la ley. Como el sujeto se ve obligado a dejar parte de su narcisismo, se crea este ideal, desplazamiento narcisistico compuesto de las perfecciones de lo resignado, para mantener, para no abandonar definitivamente su narcisismo.

De este mismo ideal, el cual dificulta la satisfacción libidinal catalogando algunas mociones como inconciliables, se desprende otra cuestión significativa, y es que, “donde no se ha desarrollado un ideal así, la aspiración sexual correspondiente ingresa inmodificada en la personalidad como perversión” (Freud: 1914, 97), es decir, que el polimorfismo perverso propuesto por Freud, es modificado por este ideal y donde no actúa, se manifiesta en el sujeto, sea como rasgo o como personalidad perversa.

También se juega en parte la elección de objeto, que como dijimos según Freud puede ser del tipo por apuntalamiento, es decir, idealizando el objeto en el enamoramiento o al modo narcisista, amando al otro como a uno mismo, como uno fue, como quería ser o como alguna vez fue y perdió.

Otra implicancia de esta teorización es la posibilidad de ser un sujeto deseante, en tanto deseado en primer tiempo, será posible pasar de la carne al cuerpo, ya que ser libidinizado por otro, ser esperado y deseado, genera un espacio simbólico donde habitar en tanto sujeto de deseo, para lo cual la perdida es absolutamente necesaria.

Desde el narcisismo resignado en este tiempo primordial, aparece la posibilidad de amar a un hijo, es decir, que el amor de los padres por sus hijos resulta en cuanto que a través de ellos, sus hijos, los padres satisfacen su propio narcisismo resignado alguna vez. Tal como dirá Freud “el conmovedor amor parental, tan infantil en el fondo, no es otra cosa que el narcisismo redivivo de los padres, que en su transmudación al amor de objeto revela inequívoca su prístina naturaleza” (Freud: 1914, 88)

Es decir, que para prodigar cuidados a un hijo, es necesario haber atravesado antes por la castración, ya que de este modo, podrá el hijo ser narcisizado, cuidado y deseado, en tanto representante simbólico (Falo), capaz de llenar el agujero de la propia falta.

A Modo de Conclusión


El narcisismo primario en cuanto construcción metapsicológica de Freud, “es la conformación esperada y normal de una investidura libidinal original desde la que se ceden investiduras a los objetos” (Fliman: 2008, 70) y que se hace posible con la presencia materna o para ser mas específicos, con la presencia del deseo materno que habilita la libidinización en tanto esta es parte de la Función Materna.

Es de este modo, que con el ingreso al orden simbólico se hace necesario e impostergable el atravesamiento por la castración, dejando como resultado una perdida fundamental que sugerirá el camino de acceso al Edipo, la subjetivación y sexuación de un sujeto deseante.

El desarrollo del narcisismo, hizo posible la comprensión de fenómenos tales como la psicosis, las depresiones, el amor, entre otros y hace posible un entendimiento y abordaje clínico, resaltando así su importancia.

Los postulados del Estadio del espejo permiten una identificación fundante que hace posible entre otras cosas la “permanencia mental del yo” (Lacan: 1988, 88) así como “establecer una relación del organismo con su realidad” (Lacan: 1988, 89), que organiza la relación con el cuerpo al asumir la imagen especular gracias a la presencia del otro, el que con su mirada, sus cuidados, su dedicación, hará posible la emergencia de un cuerpo libidinizado y organizado, cuestiones que en los trastornos psicóticos se observan sus implicancias en fantasías y alucinaciones del cuerpo fragmentado (Lacan 1948).

Además, esta imagen fundante es la base del yo, es decir, imagen que permitirá el reconocimiento de un yo como distinto del resto. Base de la existencia, ya que permitirá integrar en un todo, los pedazos desperdigados, propios de la prematurez de cómo se nace.

Referencias 



Braunstein N, El Goce, un concepto Lacaniano, 2006, Siglo Veintiuno Ed.

Chemama R, Diccionario del psicoanálisis, 1996. Amorrortu Ed.

Dor J, Introducción a la lectura de Lacan, el inconciente estructurado como lenguaje, 1985. Ed. Gedisa.

Freud S, Introducción del Narcisismo, 1914. Ob. Completas Amorrortu Ed. Vol. 14

Freud S,  La teoría de la libido y el narcisismo 1916-17. Ob. Completas Amorrortu Ed. Vol. 16

Freud S, Teoría de la libido, 1923. Ob. Completas Amorrortu Ed. Vol. 18

Fliman V, Presencia materna, narcisismo y reconocimiento primordial. Diálogos entre Lacan y Winnicott. 2008, en Objetos caídos, Ed. Universidad Diego Portales.

Graiño C, Teoría, Clínica y Práctica en Psicoanálisis. 2008, Ed. Letra Viva.

Lacan J, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, 1964. El Seminario, Paidos Ed.

Lacan J, Las formaciones del inconciente, 1957-58. El Seminario, Paidos Ed.

Lacan J, La Familia, 2003 (1938) Ed. Argonauta.

Lacan J, Escritos 1, La agresividad en psicoanálisis, 1988 (1948). Paidos Ed.

Lacan J, Escritos 1, El estadio del espejo como formador de la función del yo, 1988 (1949). Paidos Ed.


domingo, 3 de junio de 2012

Sobre el Espejo… El Yo Desgajado


Sobre el Espejo… El Yo Desgajado

 Adriana Savio Corvino
 
Estudiante Avanzada de la Facultad de Psicología de la Universidad de la República Oriental del Uruguay. Correo electronico: solnegro1@adinet.com.uy

Recibido: 25 de Abril de 2009
Aceptado con Recomendaciones: 9 de Octubre de 2009
Aprobado: 2 de Junio de 2010

Referencia Recomendada: Corvino-Savio, A. (2010).Sobre el espejo... el yo desgajado. Revista de Psicología GEPU, 1 (3), 121 - 128 
Resumen: En este artículo se podrá entrar en la circunstancia de vida de “Sybil”, personaje protagónico de la película que lleva su nombre. Es la historia verdadera de una paciente que desplegó múltiples personalidades a la vez. Se analizará la estructura psíquica y el desdoble en variadas personalidades y cuán sano o no, podría ser en un caso hipotético de hallarse ante este tipo de paciente, el encausarlo en una terapia o abstenerse de hacerlo

Palabras Clave:
RSI, Estadio del Espejo, Synthome, Significante y Significado, El Nombre del Padre, Forclusión.


La locura siempre tuvo un rol casi protagónico en el séptimo arte, ello quizás debido a su inigualable lado enigmático, y poseedor de una magia eterna que radica en la cualidad de inaccesibilidad explicativa y racional típica del ámbito patológico y delirante. Elemento este último, que atrapa al hombre y torna lo psicopático en una de las circunstancias más complejas y atractivas de su existencia.

Con la innovación de diversas tecnologías se agudizó cada vez más la transferencia de emociones y sensaciones del paciente psiquiátrico representado; variaciones que buscan acercar al espectador a esa realidad patológica, desde el “balcón” donde nos encontremos.

En el film “Sybil” (1976) se nos relata la verdadera historia de Sybil Dorsett, paciente de la Dr. Cornelia Wilbur - psicoterapeuta especializada en “histéricas”- Ella padece de un trastorno disociativo de identidad (TID), patología que en la época no era seriamente considerada ni reconocida como psiquiátrica. En un principio se la derivará bajo el rótulo de Trastorno de Bricket (útero disconforme). Evidentemente los elementos histriónicos, su calidad de mujer soltera joven, y los ataques nerviosos con pérdida de conciencia condujeron a pensar en la hipótesis diagnóstica de crisis conversiva con derivaciones somatomorfas.

Pero no olvidemos que según Miller (2006), Lacan aludía a que: “en verdad, fundado en el discurso analítico, sólo existe el tipo clínico llamado “histeria”, y que los otros tipos clínicos que conocemos vienen de la psiquiatría...” (Pag. 125). Hay, sin embargo, una entidad clínica que, históricamente, se alojó en el campo de la histeria pero por fuera del discurso analítico: la personalidad múltiple.

La personalidad para Lacan (1997) será también lo que permitirá definir la psicogenia de un síntoma: "es psicogénico un síntoma – físico o mental – cuyas causas se expresan en función de unos mecanismos complejos de la personalidad” (Pág. 4). El síntoma en cuestión reposará menos sobre una base orgánica. Sybil es derivada a otra mujer, elemento no menor que posteriormente y en función de la traumática novela familiar que despertará, será nodal para recuperar de ella lo que se pueda. Con dicho planteo estamos adelantando que es muy probable que mucho de la capacidad re-componedora en Sybil haya podido ser gracias a la imagen de otra-Mujer que desde ese Imago le devolvió a la paciente “algo” o fragmentos de una parte femenina de su ser.

¿Cuál era el problema de esta muchacha? ¿Cuál era su angustia? ¿Cómo abordarla desde su synthome?

Tal como las mamushkas rusas, se desmontaban de su interior personalidades desconocidas por la Sybil “real” – real en el sentido de lo “Real” lacaniano -.

Todo su ser redundaba sobre diversos rostros que miraban diversos mundos que respondían a diversos contextos que constituían en su totalidad, el universo interno/externo de una sola joven. ¿Distintas actitudes ante distintas necesidades acordes a distintas circunstancias? ¿Diversas defensas ante diversas hostilidades cotidianas?

La disociación como cuadro psiquiátrico se concibe como mecanismo psicológico de defensa en el cual la identidad, memoria, ideas, sentimientos o percepciones propias se encuentran separadas del conocimiento consciente y no pueden ser recuperadas o experimentadas voluntariamente.

¿Se trata de un estado psicótico o de un delirio armado del cual la paciente entra pero puede también salir? Desgraciadamente, a pesar de la presencia de elementos extravagantes histéricos del delirio, la paciente no interactúa con el delirio; no llega ni siquiera a tener cierto dominio primitivo sobre él; sino que entra y sale de sus diversas personalidades por medio de fuertes black outs, ausentismos y angustias de no saber qué le sucedió. Sybil  delinea su “dentro” desde un plano conformado en un  “entramado de locura” (Bafico, Giorgi, Ojeda & Gonzales, 2005). No hay capacidad de andar su delirio en ningún sentido, se halla completamente embebida en él, llegando al punto de fusionarse con el mismo, ser parte y esencia; ser esos otros y borrar su yo, renunciar a él para vivir a estas otras mamushkas.

En este punto puede ser muy interesante que el espectador pueda jugar con el lenguaje fílmico el cual hace entrar al público en un laberinto de “yoes” fragmentados y encontrados en un sin fin de callejones sin salida.

Todas las “Sybils”, conocen sienten y vivencian por separado; pero se fragmentan y una nada sabe de la otra.

A través de intervenciones hipnóticas que no creemos que terapéuticamente sean las apropiadas para estos casos, la Dra. Wilburd, dialoga con cada personalidad. El detalle fue que en realidad lo que hacía era reforzar positivamente la multiplicación de los aros disgregados del nudo borromeo; multiplicó las posibilidades de anillado y complejizó el cuadro resultando un desmontado de 16 personalidades extras. Todas hablaban de las demás como integrantes de un mismo núcleo familiar,  todas conocían de las demás elementos del carácter y del comportamiento, pero Sybil no recordaba a ninguna de ellas. Esto nos conduce al punto extremo de que al día de su muerte, se hallaron más de 100 obras de arte realizadas por la misma persona, pero correspondientes a diversos delineados, pulsos, tonos musculares, imaginaciones creativas, y edades.

Aquí se hace presente el tema de la certeza; la libido presente en las personalidades diversas de sybil tiene la certeza de ser quien dice ser y actuar acorde a ello – hasta el punto más delicado y constitutivo cerebralmente como puede ser el pulso al dibujar. -

Su libido se fragmenta y vibra según el personaje que se refleja a nivel conciente con la certeza de vivir esa vida y no otra.

¿Cómo desarrolla Sybil una personalidad disociativa? A lo largo del tratamiento, Sybil logrará, transformada en unos de sus personajes más pequeños – en edad mental - revivenciar uno de las instancias más traumáticas de su vida; la violación a la que fue sometida por su madre con una aguja de tejer.

Comprendemos cómo a partir de un episodio tan bizarro, in-expresable con palabras –significados/significantes - la paciente comienza a hilvanar diversas personalidades que son débiles y primitivos mecanismos defensivos en busca de autoayuda. El transitar ese entramado confuso y loco al que se reduce su vida y su subjetividad, la conducirá a que sus conductas se centren en una mera traducción de mecanismos defensivos que cada vez fragmentan mas al yo y disocian mas al apaciente.

Más allá de que el abuso sexual (físico o psicológico) infantil y el estrés insoportable que genera, mantenga concordancia semiológica con el cuadro de Tid –elemento que todos podemos comprobarlo en los tratados psiquiátricos - lo que buscamos abordar es la entraña más dinámica de este cuadro. Creo que desde Lacan una lectura más crítica al respecto es posible…

Las psicosis se hallan en relación directa con el yo ideal, - que es en esencia lo más primitivo, las identificaciones primarias - no hay desapego madre-hijo, hay fusión en un solo cuerpo. Cuando tenemos una paciente que sufrió daños de abuso sexual de su madre la cual de más está decir se presenta en todo sentido de la palabra como un otro significantemente completo (en demasía si se quiere) nos topamos con lo psicótico.

…la madre puede ocupar el lugar del gran otro para ese hijo. En la medida que algo le falta, la madre puede crear un ámbito en el cual el niño podrá habitar. Si ese gran otro está completo, no hay lugar para el niño, como ocurre en la psicosis (Bafico, Cabral & González, 2007).

Nos remitimos al estadio de espejo; donde el sujeto se re-conoce en interacción a otro que está por fuera de su cuerpo y por ende le permite la distinción.

La madre, que ocupa ese lugar de tercero, evitará que el niño se disuelva líquidamente en el espejo; es en el momento en que el otro designa a través de su presencia la imagen del niño, como propia de ser amada y considerada como tal. “…el cuerpo del niño funcionará como equivalente del falo imaginario, ocupa ese lugar y se homologa al objeto de deseo de la madre”. Según Lacan (1997): “…el yo es ante todo, una entidad corporal. No solo una entidad en superficie, sino una entidad que corresponde a la proyección de una superficie” (Pág. 32). Ese cuerpo vivido desde un imago, es el yo del sujeto, es su identificación primaria. Para que entonces le guste a su madre, “basta y es suficiente con ser el falo” (Lacan, 1999), debe investirse en esa función y estructurarse desde ese lugar. Pero Sybil no es nunca ella el significante, nunca existirá la estructuración que emana de llevar a cabo esa función, pues su madre se inviste de ello al no faltarle nada. De ahí que el deseo del falo no pueda apuntalarse. A ello se suma el pasaje al acto incestuoso en lo real propiamente dicho y todas sus derivaciones perversas y psicopáticas. ¿Qué construye la paciente en función del significante a la cual someten? El gran otro de Sybil nunca existió, pues nunca fue carente, nunca necesito de ella para serlo. Se tratará entonces, de una psicosis altamente estructurada en el sentido de mayor estructuración a mayor manejo primario y mayor deterioro.

Toda su vida, el vaudeville de personajes de diversas culturas, sexos y edades, están anudados a partir de un yo ideal, sumamente primitivo, frágil y ultra vulnerable, que engulle – queriendo forcluir - en su interior toda información externa, intentando delinear a ese otro que nunca existió en sus psiquis.

“El entramado de las psicosis tiene que ver con una falta esencial, específicamente, con la Forclusión de un significante primordial, el regulador del universo fálico: El nombre del Padre.” (Bafico, Giorgi, Ojeda & González, 2005).

¿Quién es el padre de Sybil? Un sujeto negado en su función de padre, en  todo el sentido de la palabra; al decir de Lacan aplastado por la “pata del elefante” (Lacan, 1997); o sea inutilizado para toda su vida, deshecho por la sombra materna que todo lo es, que todo lo puede, que todo lo penetra.

De ahí que hablemos de un hombre que no imparta la Ley que no invista esa función y por ende nunca le dé ni le dará, significado al sujeto. El nombre del padre está anulado, forcluido; nunca existió ni existirá en el registro simbólico por lo que no retorna en este plano sino directamente en lo real, por ejemplo a través de vivencias alucinatorias.

Resultado de la ecuación: Sybil perdida en sus identidades “desgajadas” buscando a través de ellas la presencia interna de un mínimo vestigio de un Otro.

Multiplicación de personalidades desdobladas sobre desdoblamientos primarios y así sucesivamente, yo me busco en el otro del otro del otro… ad infinitum.

Entonces ¿cómo abordarlo desde la clínica? Si el padre es “agente de la castración” (Lacan, 1997), no costará comprender de qué manera en el momento más álgido del tratamiento Sybil desdobla de su yo al único personaje varón que según lo que él comenta es “el hijo que mi padre siempre deseó”. Ahora ella se conforma como otro todo completo, homogéneo e impenetrable en su superficie que nada necesita de un otro real – léase de la seducción histérica, por ejemplo.

Con Mike, Sybil rompe relación para siempre con un joven que buscó comprenderla y ser su pareja.

Al terapeuta solo le queda lograr que el significante fluya a través del discurso; el tema será realmente comprobar qué tipo de base de personalidad tenemos. Si tendiente a lo histérico o a lo esquizoide. Con referencia a tal punto hay grandes discrepancias; hay planteos como el de la psiquiatría norteamericana que aluden a la necesidad de que el terapeuta ocupe el lugar de “relator” de un espectador, y que busque interactuar con las diversas personalidades.

Creemos pertinente exponer el “peligro” que corre un terapeuta al abordar un caso similar al planteado. Éste se centrará en que: trabajando demasiado desde el plano imaginario, siendo la base principalmente esquizoide, podemos caer en la potencializacion de las personalidades y entonces comenzar con un paciente de tres personalidades para  terminar con uno de dieciséis.

Por otro lado, se podría trabajar desde el synthome – lo cual requiere otros niveles de enmendaduras a nivel psíquico, mayor elemento histérico-, desde el nombre del padre, que acomete a la realidad psíquica. Posicionarnos sobre el cuarto nudo, que uniría, a manera de sustitución el plano: real, simbólico e imaginario.

Entonces devuelta nos queda el terapeuta, como un gran otro, “…sobre el cual se descarga su síntoma –pensando al delirio en ese registro-… haciendo del Otro un sustituto de sus síntomas” (Bafico, 2006).

Para todos entonces: "Uno es Todo" (Lacan, 1984) (1) en todos los sentidos de la palabra.

REFERENCIAS

Bafico, J. (2006). El extraño caso de la mujer diablo. Editorial Fin de Siglo.

Bafico, Cabral & González (2007). Introducción a la teoría lacaniana. Montevideo: Psicolibros.

Bafico, Giorgi, Ojeda & González. (2005). El entramado de la locura. Montevideo: Psicolibros.

Lacan, J. (1984). La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud. En: Escritos. México: Siglo XXI.

------------ (1997). Las psicosis. Seminario No. 3 Formación Histórica del Grupo de las Psicosis Paranoicas. Buenos Aires: Paidós.

-------------- (1999). Las formaciones del inconsciente. Buenos Aires: Paidós.

Miller, J. A. (2006). Introducción a la clínica lacaniana. Barcelona: ELP - RBA. 

NOTAS

1. Lacan, Jacques. "La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud" en Escritos, Siglo  XXI Editores, México, 1984, p.484.

Consulta anticorrupción

Consulta anticorrupción