sábado, 25 de julio de 2026

EXPLORACIÓN DEL PENSAMIENTO DE LEOPOLDO ZEA PARA ALCANZAR UNA FILOSOFÍA AUTÉNTICA EN AMÉRICA LATINA

  EXPLORACIÓN DEL PENSAMIENTO DE LEOPOLDO ZEA PARA ALCANZAR UNA FILOSOFÍA AUTÉNTICA EN AMÉRICA LATINA


EXPLORATION OF LEOPOLDO ZEA’S THINKING TO ACHIEVE AN AUTHENTIC PHILOSOPHY IN LATIN AMERICA


María de los Ángeles Mazuera Pai
 
Universidad del Valle / Colombia




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Referencia Recomendada: Mazuera-Pai, M. A. (2022). Exploración del pensamiento de Leopoldo Zea para alcanzar una filosofía auténtica en américa latina. Revista de Psicología GEPU, 13 (2). 125-138.


Resumen: El presente texto, tiene como objetivo, presentar los argumentos, postulados y tesis que presenta el filósofo mexicano, Leopoldo Zea, en su artículo Dependencia y liberación en la filosofía latinoamericana, publicado en la revista Diánoia, vol. 20, no. 20, 1974. En este texto, el filósofo manifiesta que América Latina ha sido objeto de dominio, por eso reconoce que el problema que ha presentado desde la conquista, ha sido la independencia de los pueblos latinoamericanos. Además, el filósofo entra en dialogo con otros autores, presentando las problemáticas que ha traído la dominación que la filosofía de la liberación va a entrar a tratar. Él propone como principio, cancelar el dominio del pensamiento europeo y estadounidense, dando cabida a la liberación de los pueblos latinoamericanos, permitiendo por medio del desarrollo, alcanzar una filosofía autentica, un modelo y manifestación de la realidad en Latino América, sin ignorar el pasado, por el contrario, siendo conscientes de éste, para superarlo. El texto se dividirá en una primera parte, la cual tiene como objetivo, presentar qué dice el autor en los siguiente apartados; i) Filosofía de la dominación; ii) ¿por qué es necesaria una filosofía de la liberación; iii) Un pasado extraño; iv) ¿Queremos ser como los Estados unidos y/o Europa?; v) Una expresión de nuestra realidad; vi) Las nuevas generaciones latinoamericanas. Y en una segunda parte; La filosofía de la liberación, como una herramienta para la superación del dominio europeo y estadounidense.

Palabras clave: Filosofía latinoamericana, dominio, conquista, filosofía de la liberación, contexto colombiano, pensamiento europeo y estadounidense.

 

Abstract: This paper aims to present the arguments, postulates and theses proposed by Mexican philosopher, Leopoldo Zea, in his article ‘Dependencia y liberación en la filosofía latinoamericana’, published in the journal Diánoia, vol. 20, no. 20, 1974. In the text, the philosopher argues that Latin America has been subject to domination, therefore, he acknowledges that the problem it has faced since the conquest has been the independence of Latin American peoples. Additionally, the philosopher engages in a dialogue with other authors, presenting the issues brought by the domination that the philosophy of liberation addresses. As a principle, he suggests to get rid of the dominance of European and American thinking, making room for the liberation of Latin American peoples. This enables, through development, the attainment of an authentic philosophy, as well as a model and manifestation of the reality in Latin America without ignoring the past, on the contrary, being aware of it in order to overcome it. This paper will be divided in two parts. The first part aims to present what the author discusses in the following sections; i) Philosophy of domination; ii) Why a philosophy of liberation is necessary? iii) A strange past; iv) Do we want to be like the United States and/or Europe? v) An expression of our reality; vi) The new Latin American generations. The second part focuses on the philosophy of liberation as a tool for overcoming European and American dominance.

Key Words: Latin American philosophy, dominion, conquest, philosophy of liberation, Colombian context, European and American thought.


 Recibido: 3 de Septiembre de 2022 /Aprobado: 15 de Diciembre de 2022


María de los Ángeles Mazuera Pai. Estudiante del departamento de Filosofía de la Universidad del Valle. Correo electrónico: mazuera.maria@correounivalle.edu.co


Introducción

La búsqueda constante de la independencia y la liberación en América Latina ha sido un tema central en su trayectoria histórica y desarrollo. En este contexto, el filósofo mexicano Leopoldo Zea se erige como una voz influyente que profundiza en este desafío en su artículo "Dependencia y liberación en la filosofía latinoamericana" (1974). Esta obra sumerge al lector en las reflexiones y perspectivas del autor acerca de cómo la región puede emanciparse de la dominación del pensamiento europeo occidental, superar la repetición acrítica y abrazar una filosofía auténtica y liberadora que refleja su identidad y experiencia únicas.

Zea destaca la abrumadora influencia del pensamiento europeo que ha mantenido a América Latina, y otras partes del mundo, en una suerte de sujeción cultural y filosófica. Este artículo profundiza en las ideas fundamentales del filósofo, destacando la necesidad de aprender una filosofía auténtica que rompa las cadenas impuestas por los centros de poder extranjeros y fomente una liberación genuina en la región.

El análisis comienza explorando la percepción del autor sobre la dependencia europea y cómo esto ha influido en la mentalidad y el desarrollo de América Latina. Se resalta la urgencia de superar la repetición acrítica y reconocer la persistente influencia de Europa, lo que motiva la necesidad de una filosofía auténtica arraigada en la realidad y la historia latinoamericana.

En la búsqueda de una auténtica filosofía de la liberación, Zea examina las contribuciones de figuras como Salazar Bondy y Juan Bautista Alberdi, quienes abogaron por una transformación política y social que desafiara la subyugación. Sin embargo, el filósofo mexicano cuestiona por qué estas propuestas no alcanzaron su pleno potencial y señala la necesidad de una autenticidad más profunda que no parta desde centros de poder ajenos, sino desde la realidad propia.

El análisis se extiende a las críticas de Enrique D. Dussel hacia la generación de Alberdi, destacando cómo la adopción crítica de conceptos extranjeros perpetúa la subyugación y la falta de autenticidad. La obra explora cómo esta mentalidad ha llevado a considerar la civilización latinoamericana como una prolongación de la europea, generando una nueva forma de dominación.

La importancia de enfrentar el pasado violento de América Latina emerge como un elemento clave en la visión de Zea. Este artículo explora cómo el filósofo mexicano aboga por el reconocimiento y asunción de la historia, incluso si es dolorosa, como un paso esencial para la autenticidad filosófica y la verdadera liberación.

Esta primera parte de la investigación culmina con la perspectiva del autor sobre la necesidad de romper con la filosofía de dominación y crear una filosofía auténtica arraigada en la identidad y la experiencia latinoamericana. Zea aboga por la formación de una nueva generación de pensadores que trascienda la dependencia, forjando así una filosofía de la liberación genuina y transformadora.

En cierre, esta investigación finaliza en la segunda parte con una reflexión en torno a la interrogante: ¿Debe Colombia aspirar a asemejarse a Estados Unidos o Europa? Esta interrogante nos hace mirar hacia nuestro pasado colonial y la persistente influencia que aún pervive en nuestra nación. La constante comparación con estas potencias refleja la huella perdurable del pensamiento extranjero en nuestra mentalidad.

La visión que Leopoldo Zea propone es un camino distinto. Su enfoque en la filosofía de la liberación es esencial para desvincularse de la influencia de Europa y Estados Unidos. Busca una filosofía genuina y liberada que nos aleje de la opresión histórica y del subdesarrollo legado por la conquista.

En consecuencia, el filósofo mexicano nos insta a reconocer nuestra identidad, romper las cadenas del subdesarrollo y abrazar una filosofía que refleje nuestras raíces y necesidades. Al hacerlo, Colombia y Latinoamérica pueden forjar un futuro auténtico, liberándose de la sombra de centros de poder que han formado nuestro pasado y creando un destino que nos sea verdaderamente propio.

 

PRIMERA PARTE

I. Filosofía de la dominación

En este primer apartado, el filósofo mexicano Leopoldo Zea, plantea una preocupación fundamental: la independencia de los pueblos latinoamericanos y de otras regiones como Asia, África y Oceanía. Destaca que América Latina y el tercer mundo han estado sometidos al pensamiento europeo occidental, lo que ha generado la imperiosa necesidad de crear una nueva filosofía. Zea advierte que esta nueva perspectiva no debe ser una mera repetición de ideas ajenas sin un análisis crítico. Debe surgir de aquellos que son conscientes de la dependencia y dominación impuesta por los centros de poder europeos, como se cita: “No me refiero, por supuesto, a la filosofía que repite este o aquel profesor en su cátedra, siguiendo una determinada corriente nueva o anacrónica, sino a la filosofía de quienes habiendo asimilado la filosofía en estricto sentido.” (174) Dando paso así una filosofía de la liberación que surge de esta conciencia sobre la dominación.

En contraste con lo anterior, el filósofo plantea una cuestión crucial: ¿Cuál debería ser la naturaleza de esta filosofía? ¿Deben nuestros filósofos aspirar a ser algo más que meros profesores de filosofía? En este contexto, el autor examina las perspectivas de figuras como Salazar Bondy y Juan Bautista Alberdi, dos precursores de la filosofía de la liberación. Desde su origen argentino, Alberdi abogó por una filosofía de carácter político y social capaz de abordar cuestiones relacionadas con la libertad, los derechos y el bienestar en el contexto latinoamericano. Por su parte, Bondy proponía una filosofía de la liberación diseñada para superar la dominación y el subdesarrollo que afectan a las sociedades latinoamericanas. 

Zea, sin embargo, plantea una pregunta fundamental: ¿Por qué estas propuestas no lograron generar un cambio sustancial en el pensamiento latinoamericano? Esta interrogante se expande al cuestionar por qué, a pesar de la identificación temprana de esta problemática desde la generación de Alberdi, esta cuestión persiste en la actualidad dentro del pensamiento latinoamericano. En respuesta, el autor argumenta que estas propuestas no tuvieron éxito en el primer lugar debido a que sus proponentes no concibieron una filosofía auténtica diseñada específicamente para América Latina. En lugar de eso, su enfoque se centraba en alterar los centros de poder que habían ejercido dominio durante largos períodos sobre la región, el mismo poder que había mantenido a los latinoamericanos subyugados.

Además, el filósofo señala que la generación de Alberdi tenía la intención de erradicar radicalmente la herencia cultural y mental legada por el dominio ibérico. Este deseo de partir desde cero fue motivado por su deseo de emanciparse completamente de las influencias coloniales. Sin embargo, según el autor, esta aproximación representó un obstáculo, ya que desvinculó su enfoque de la realidad regional y desestimó el potencial que podría derivar de la conexión con la herencia cultural propia.

El pensador mexicano critica de manera incisiva la idea de "comenzar desde cero" y la aceptación acrítica de patrones extranjeros, tal como lo propone Domingo F. Sarmiento en su expresión: "Seamos la América como el mar es el océano. Seamos Estados Unidos." Zea sostiene que esta perspectiva perpetúa la dependencia intelectual y cultural en lugar de eliminarla. En palabras del filósofo, “Se parte de cero respecto a sí mismo, pero se pretende, al mismo tiempo, partir de una concepción del mundo y cultura que nos es extraño, partir de un pasado que no hemos hecho.” (174) Esta ilusión de un reinicio absoluto constituye un obstáculo innegable para la formación de una filosofía arraigada y genuina, en sintonía con la realidad de América Latina.

El autor defiende con vehemencia que este enfoque obstruye la creación de una filosofía que verdaderamente libere el pensamiento e impulse el auténtico progreso de la región. Por consiguiente, Zea postula que la clave para el desarrollo de América Latina radica en la creación de una filosofía de la liberación auténtica. Esta filosofía debe romper con las cadenas impuestas por los centros de poder y permitir el surgimiento de una nueva generación de pensadores conscientes de su historia. El filósofo mexicano insiste en que esta filosofía debe abordar las necesidades.


II. ¿Por qué es necesaria una filosofía de la liberación?

En este segundo apartado, el filósofo mexicano Leopoldo Zea examina las críticas planteadas por el filósofo contemporáneo Enrique D. Dussel a los planteamientos de la generación de Alberdi. Dussel, según Zea, denuncia con firmeza que estos intelectuales no hicieron más que reproducir el pensamiento predominante en Europa, en lugar de desarrollar un pensamiento autónomo. Este enfoque llevó a que los pueblos latinoamericanos adoptaran y asimilaran conceptos extranjeros que les eran ajenos. Asimismo, Dussel define la civilización latinoamericana como una entidad totalmente organizada y dominada por Europa, que aspira a igualar a naciones avanzadas como los Estados Unidos.

El pensador mexicano destaca que Sarmiento, por su parte, reconoce la labor de intelectuales como Jefferson, Adams y Monroe, como intermediarios de la civilización en un mundo considerado bárbaro. Esta intermediación tenía la supuesta intención de incorporar la región a la civilización, pero, paradójicamente, resultó en un nuevo centro de dominación en América Latina.

El concepto de "barbarie", según Zea, se relaciona con el intento de borrar o ignorar el genocidio masivo de los pueblos indígenas en América. Esta perspectiva busca forjar un futuro sin referentes, basado en una filosofía ajena a la realidad local y subyugada a los mismos centros de poder que históricamente han dominado y desplazado a los pueblos indígenas. El filósofo argumenta que es crucial que los pueblos latinoamericanos acepten y sean conscientes de su pasado, por más doloroso que sea, para no quedarse ajenos a su propia historia y cultura. 

El autor también subraya el hecho de que, según Dussel, la filosofía occidental ha sido instrumentalizada como una herramienta de dominación. Dussel declara de manera contundente: “toda la filosofía occidental está hecha para dominar”, estableciendo así su rol como un medio de imponer poder, una herramienta de dominación que, al ser adoptada, implica asumir las cadenas que esta misma impone sobre la humanidad. (177) Leopoldo Zea amplía esta perspectiva al afirmar que la filosofía latinoamericana debe liberarse completamente de cualquier vínculo con la cultura de dominación y buscar su autenticidad intrínseca.

En línea con este enfoque, el pensador mexicano propone la filosofía de la liberación como una vía para expresar de manera genuina la realidad de los pueblos latinoamericanos. Teniendo en cuenta que a lo largo de la historia, los intentos de superar la filosofía de dominación simplemente han resultado en un cambio de centros de poder, lo que lleva a una nueva forma de sometimiento. La filosofía de la liberación que Zea aboga, tiene como esencia poner fin a estos centros de poder y crear una filosofía genuina, una que no esté subordinada a sistemas de dominación y sea una manifestación auténtica de las realidades y aspiraciones de los pueblos latinoamericanos.

En consecuencia, este análisis crítico revela cómo Leopoldo Zea, a través de su exploración basada en el pensamiento de Enrique D. Dussel, examina las restricciones de la generación de Alberdi al replicar el pensamiento europeo en vez de fomentar ideas autónomas. Esta asimilación cultural y la adopción de paradigmas foráneos han acarreado un deterioro de la identidad en América Latina. Dussel denuncia la filosofía occidental como un instrumento de dominación, resaltando la urgencia de un desprendimiento intelectual auténtico. Zea propone la filosofía de la liberación como el vehículo para autenticar la expresión de la realidad latinoamericana, deslizándose de sistemas de dominación. La lección central es que para lograr una verdadera autodeterminación, es esencial romper con los eslabones que han perpetuado la dependencia cultural y buscar una filosofía que se arraigue en la autenticidad regional.

 

III. Un pasado extraño

En este tercer apartado, Leopoldo Zea aborda la pregunta central: ¿Cómo se concibe el pasado en el contexto de la renovada expresión de la filosofía de la liberación? El pensador mexicano comienza aludiendo al pasado como una dominación ajena y la aceptación consciente o inconsciente de esta imposición. En este contexto, surge la pregunta sobre la posibilidad de cambio. Desde la perspectiva de Bondy, el obstáculo de la filosofía latinoamericana radica en su falta de autenticidad, resultado de la adopción de paradigmas históricos e imposiciones sociales por naciones subdesarrolladas y dominadas. Zea reafirma que superar esta limitación implica la creación de una auténtica filosofía de la liberación, arraigada en la reflexión de la realidad y no en la mera repetición de enseñanzas subordinadas a centros de poder.

El análisis del filósofo no sólo condena la filosofía de la dominación, sino que también arroja luz sobre los centros de poder que han sometido principalmente a los pueblos indígenas. Él enfatiza que la autenticidad no está vinculada a la superación del subdesarrollo, sino que, en realidad, abre la puerta a la toma de conciencia y la transformación de esta realidad. Siguiendo la línea de Bondy, explica Zea, propone que una filosofía de liberación debe mantener una perspectiva crítica que se ajuste a la realidad histórico-social, lo que implica la revisión y reestructuración de postulados verdaderos y genuinos.

El mexicano prosigue al indicar que, según su exposición de Dussel, la auténtica filosofía latinoamericana no debe limitarse a simplemente comentar la filosofía anterior, sino más bien reconocerla y rechazarla. Argumenta que el pensamiento filosófico previo carecía de autenticidad en la región debido a dos razones fundamentales: la repetición de conceptos ajenos a la realidad latinoamericana y la adopción del pensamiento europeo, el cual subordinaba esta realidad a centros de poder. (179) Dussel resalta que aquellos filósofos que carecían de autenticidad en su enfoque, aunque no eran conscientes de esta falta, adquirían una responsabilidad ética respecto a la alienación cultural que estaba presente en América Latina. En otras palabras, aunque no se dieran cuenta, su adopción de ideas ajenas y su falta de conexión con la realidad regional, contribuyeron a la pérdida de identidad cultural y al desapego de la autenticidad latinoamericana.

Frente a la interrogante de si es necesario comenzar desde cero, Zea diferencia su postura de la generación de Alberdi, quienes, al adoptar un nuevo modelo, únicamente perpetuaron una forma de dominación. Dussel y el pensador mexicano, por el contrario, han concordado en que el camino hacia una auténtica filosofía de liberación se forja a través de la crítica de la filosofía europea y sus centros de poder, que se han aprendido y de la cual emergerá una filosofía propia de los pueblos latinoamericanos.

Finalmente, la propuesta de Bondy, busca una filosofía que refleje la liberación, eliminando esta necesidad en los pueblos latinoamericanos. Zea distingue esta filosofía como posterior a la liberación, representativa de pensadores auténticos y libres, y no de luchadores por la libertad. Para concluir, el filósofo compara las posturas de Sarmiento y Salazar Bondy. Mientras el primero aboga por ser como los Estados Unidos de América del Sur, el segundo sugiere alcanzar el desarrollo de los dominadores para lograr una cultura y filosofía libres.


IV. ¿Queremos ser como los Estados Unidos y/o Europa?

En este tramo del análisis, el filósofo comienza su reflexión explorando los modelos de progreso propuestos por los Estados Unidos, Europa y otras potencias mundiales. Se plantea la cuestión fundamental de si seguir la senda de los Estados Unidos, la Unión Soviética o una China occidentalizada sigue siendo la premisa para el desarrollo. (181) En este contexto, Zea destaca que la filosofía de la liberación, tal como el abordaje por Bondy, se conecta con las preocupaciones planteadas por Luis Villoro. Aunque el pensador presenta una crítica a este planteamiento, primero expone su esencia.

La filosofía que Villoro aborda, busca emular los grandes modelos de progreso y civilización contemporánea. En su trabajo "Perspectivas de la filosofía en México en 1980", Villoro comparte la misma tesis que Salazar Bondy en relación al pasado, reconociendo la falta de autenticidad filosófica en el presente y proyectando el futuro de América Latina en términos de cultura y filosofía. Sin embargo, Villoro se distancia del término "filosofía de la liberación", denominándola "filosofía profesional". Esta filosofía también refleja la transición de una etapa de subdesarrollo hacia el desarrollo alcanzado por los países latinoamericanos.

En consonancia con esto, Villoro sostiene que la producción filosófica a nivel profesional requiere condiciones mínimas y sólo puede surgir cuando estas se cumplen. La filosofía profesional se circunscribe al ámbito académico, dado que solo en este entorno se alcanza el rigor, la investigación constante y la discusión crítica que permite la formación de especialistas capaces de comunicarse en la contemporaneidad, incluso a nivel internacional.

Tanto la filosofía de la liberación de Bondy como la filosofía profesional de Villoro dependen de la erradicación del subdesarrollo. Aunque ambos concuerdan en que el pasado latinoamericano es inauténtico, Bondy lo ve inauténtico por la mera imitación y repetición de filosofías ajenas, mientras que Villoro lo considera inauténtico debido a la búsqueda de originalidad ajena a la verdadera filosofía. La filosofía profesional, para Villoro, eliminará esta búsqueda de originalidad percibida como nacional, producto de sociedades cerradas y subdesarrolladas. Para él, la solución radica en transformar a estas sociedades en abiertas, universales y desarrolladas, permitiendo un nuevo acceso al universalismo.

En esta línea, el filósofo mexicano se cuestiona si el desarrollo implica simplemente un cambio de dependencia hacia otro sistema. En respuesta, plantea que la futura filosofía debe dejar atrás las peculiaridades que consideran inauténticas y anacrónicas, y se pregunta si el desarrollo al que apuntan Villoro y Bondy dará lugar a un nuevo tipo de filosofía y un nuevo papel del filósofo en la sociedad. Zea sostiene que con el desarrollo económico de un país, cambia la función del filósofo en una sociedad desarrollada o en vías de desarrollo, ya que surgen nuevas necesidades. En esta etapa, los filósofos latinoamericanos podrían ser creadores más o menos originales, pero difícilmente especialistas en algo más allá de las generalidades.

En consonancia con lo anterior, Zea afirma que la filosofía no debe convertirse en una variante de las concepciones que provienen de los centros de poder contemporáneos, ya que esto sólo perpetuaba la justificación de estos centros, incluso si son universales. El pensador plantea que el universalismo propuesto por Villoro podría reducirse a esto. Por otro lado, el filósofo sostiene que tanto la filosofía de la liberación de Bondy como la filosofía profesional de Villoro tienen como meta la cancelación del subdesarrollo.

Por otro lado, el filósofo señala que Sarmiento y sus contemporáneos en América Latina se fijaron la meta inicial de equiparar a sus naciones con los modelos de desarrollo de otras naciones ya avanzadas. Sin embargo, esta búsqueda de igualdad generó una nueva forma de dependencia, en la que los discípulos quedaron subordinados a sus maestros. Ahora surge la pregunta: ¿Estamos regresando a esta misma ambición? ¿Persistimos en emular a Estados Unidos y Europa occidental? ¿O buscamos ser como la URSS o China, que lograron sus metas sin someterse a modelos ajenos? ¿O tal vez buscamos algo más simple pero más desafiante: la liberación y desalineación del ser humano en todas las circunstancias, tanto en el subdesarrollo como en el pleno desarrollo? El pensador dirige nuevamente su enfoque hacia la creación de una nueva filosofía. 

Posteriormente, Zea plantea otra cuestión: ¿Por qué, entonces, existe una crisis moral en los países más desarrollados, como Estados Unidos y las naciones europeas, desde hace algunas décadas? ¿Por qué también aquí, en América Latina, surge la demanda de libertad y la denuncia de alienaciones que la obstaculizan? ¿Por qué, precisamente, se desencadena una confrontación contra un sistema que es la manifestación misma del desarrollo alcanzado? Estos cuestionamientos serán abordados en las siguientes secciones, buscando arrojar luz sobre estas inquietudes.

 

V. Una expresión de nuestra realidad

En esta sección, el filósofo mexicano profundiza en la perspectiva y tesis de Frantz Fanon, un pensador francés en respuesta a la pregunta esencial: ¿Deseamos emular a Europa o a los Estados Unidos? Zea subraya que si nuestra aspiración es seguir el camino de estas potencias, estaríamos destinados a repetir lo que han impuesto hasta ahora, lo que significa continuar siguiendo una senda de imitación que busca similitudes superficiales. Por otro lado, Fanon argumenta que si buscamos un progreso audaz para la humanidad y un pensamiento genuino para América Latina, África, Asia y Oceanía, debemos aventurarnos más allá de las ideas impuestas por Europa. Esto conlleva la liberación de los pueblos latinoamericanos y, en consecuencia, la liberación individual de cada persona, con el objetivo de alcanzar una felicidad colectiva.

El filósofo señala que Fanon rechaza firmemente la imitación del pensamiento europeo. Por el contrario, el pensador francés insta a las naciones como América Latina, África, Asia y Oceanía a inventar y crear desde sus propias realidades, en lugar de forzar la adaptación a modelos extranjeros. Fanon considera que esta actitud es contraproducente, ya que desconecta a las personas de su propia esencia y perpetúa la colonización. El pensador francés aboga por un reinicio histórico en el Tercer Mundo, que tome en cuenta tanto las ideas valiosas provenientes de Europa como los crímenes que esta cometió en la colonización de Latinoamérica.

En esta perspectiva, Zea subraya que la idea no es deshacerse de todo ni empezar desde cero; en cambio, implica comenzar con una comprensión clara de la dominación y su aceptación. La historia no debe ser negada ni arrancada abruptamente; en su lugar, debe ser asumida con conciencia. Para ilustrar este concepto, Fanon muestra cómo es imposible renunciar al pasado sin incorporarlo para dar forma a un futuro diferente. En la búsqueda de logros equiparables a los de otros, no es esencial renunciar a la propia identidad, como destaca Zea: "El pasado es el material con el que hay que construir un hombre nuevo, un mundo nuevo, una simple inversión de valores. " (185)

El filósofo sostiene que tampoco es necesario imitar constituciones o instituciones extranjeras para alcanzar el desarrollo. La adaptación ciega a lo ajeno resultaría en la pérdida de la propia libertad y autenticidad. Zea enfatiza que la aceptación y la conciencia del pasado son cruciales para que este pueda servir a las necesidades de los pueblos latinoamericanos. Ignorar el pasado o utilizarlo únicamente para buscar venganza es una forma de mantenerse atado a él. Fanon, por su parte, sugiere un enfoque de comprensión y conexión con los demás, en lugar de buscar represalias. En su obra "Piel negra, máscaras blancas", plantea el problema de la imposibilidad de renunciar al pasado de otra manera que no sea su aceptación, su asimilación en función de un futuro que debe ser distinto, como por ejemplo, "El negro no puede dejar de ser negro, aunque se pinte la cara o se ponga máscaras de blanco, no puede dejar de ser negro, pero sí puede ser hombre, es decir, exigir el reconocimiento de su humanidad". (185)

En consecuencia, Zea expresa que no se trata de descartar por completo el pasado ni de partir desde cero; más bien, consiste en empezar con una profunda comprensión de la dominación y su aceptación consciente. La historia no debe ser negada ni erradicada de manera abrupta; en su lugar, debe ser abrazada con plena conciencia. Como mencioné previamente, para el pensador, un paso fundamental hacia la cancelación del subdesarrollo es la aceptación y la toma de conciencia del pasado, permitiéndole así cumplir con las necesidades y desafíos de los pueblos latinoamericanos. Además, el filósofo mexicano resalta que rechazar el pasado, tratar de ignorarlo o pretender que no existe, es otra forma de estar ligado a él. Lo mismo ocurre si solo se enfocan los agravios pasados para buscar represalias en el futuro.

En línea con Fanon, Zea explica que no es necesario hostigar al otro, ya que "no tengo derecho a encerrarme en un mundo de reparaciones retroactivas... ¿Por qué no intentar, más bien, tocar al otro, sentir al otro, revelarme? al otro... permitiéndome descubrir y querer al hombre en su esencia?" (187). Por lo tanto, según el filósofo, todo lo mencionado apunta hacia una auténtica filosofía de la liberación, aquella que utiliza el pasado como herramienta para separar el presente del futuro, un futuro propio y no impuesto. Esta filosofía, a su vez, no deja al hombre en un vacío en relación con su pasado y su porvenir.

 

VI. Las nuevas generaciones latinoamericanas

En esta última sección, el filósofo se propone describir los intereses actuales de las nuevas generaciones en relación con la filosofía de la liberación y el papel que han desempeñado en esta reflexión. Zea presenta a José Martí, un intelectual considerado partidario del pensamiento que culminó en la Revolución Cubana. Según Martí, "las levitas son todavía de Francia, pero el pensamiento empieza a ser de América. Los jóvenes de América se ponen la camisa al codo, hunden las manos en la masa y la levantan con la levadura de su sudor". (187).

El filósofo mexicano continúa explicando que esta generación a la que se refería Martí es la misma que en la actualidad busca definirse por sí misma, rechazando la imitación y expresando su propia realidad y su historia. Estos jóvenes, al explorar su propio pasado, rechazan solo aquello que les limita, optando por el cambio y la creación de algo nuevo. Para lograrlo, deben superar la mera imitación de los modelos de poder y, en su lugar, buscar la afirmación de su individualidad. Martí comprendió que los jóvenes habían llegado a la conclusión de que la imitación excesiva no era la respuesta; en su lugar, la verdadera salvación yacía en la creación y la innovación. Además, según él, la independencia y la libertad se encontraban en un cambio de mentalidad más que en cambios formales.

Desde la perspectiva de Zea, para alcanzar la libertad es esencial que la realidad sirva como base para la creación, tanto como medio como fin. Solo de esta manera se logrará transformar y evolucionar sin perder por completo la esencia propia ni dependiendo de la semejanza con los modelos anteriores. En otras palabras, se trata de generar conciencia sobre el pasado para descubrir lo que las personas han deseado o necesitado en un futuro que está por realizarse, siempre y cuando se tenga un entendimiento preciso de en qué consiste ese futuro.

El filósofo mexicano concluye su exposición citando las palabras de Karl Marx: "Nuestra divisa será, pues, la reforma de la conciencia... se verá entonces que, desde hace mucho tiempo, el mundo posee el sueño de una cosa de la cual le falta la conciencia para poseerla verdaderamente." (188). Según Zea, el objetivo es llevar a cabo algunas de las ideas del pasado a través de una realización consciente, lo cual dará expresión a la tan anhelada libertad y autenticidad de la filosofía de los pueblos latinoamericanos.


SEGUNDA PARTE

La Filosofía de la Liberación como Instrumento para Superar la Hegemonía Europea y Estadounidense en el Contexto Colombiano

En la primera parte de este análisis, exploramos la propuesta del filósofo mexicano Leopoldo Zea, quien plantea una nueva filosofía: la filosofía de la liberación. Este enfoque busca principalmente emancipar a los pueblos latinoamericanos de la dominación europea, un tema de gran relevancia en el contexto colombiano debido a la profunda huella dejada por la dominación colonial en nuestra historia y desarrollo.

Colombia ha experimentado a lo largo de su historia episodios de violencia y opresión, algunos de estos se originaron en la época colonial y persistieron a lo largo de los siglos. Esta opresión no sólo provino de las autoridades coloniales europeas, sino que también se perpetuó mediante conflictos internos y una serie de factores socioeconómicos y políticos que contribuyeron al subdesarrollo y la desigualdad. En este contexto, autores colombianos como Orlando Fals Borda y Germán Guzmán Campos han profundizado en el análisis de la violencia en Colombia, destacando sus raíces históricas y su impacto continuo en la sociedad colombiana.

Además, el texto "Colonialidad del poder y violencia epistémica en América Latina" de Santiago Castro-Gómez resalta cómo la colonialidad del poder ha persistido en América Latina, influyendo en la producción de conocimiento y perpetuando la invisibilización y subordinación de ciertos grupos sociales. Esto subraya la importancia de comprender la influencia que ha ejercido el pensamiento europeo y estadounidense en nuestra sociedad colombiana y latinoamericana en general.

En respuesta a esta influencia, Leopoldo Zea aboga por el desarrollo de una filosofía auténtica que refleje fielmente la realidad de los pueblos latinoamericanos. Esto implica alejarse por completo de las estructuras de poder que han impactado negativamente nuestra historia, cultura y política. No obstante, Zea enfatiza que esto no significa rechazar nuestra herencia cultural en su totalidad, sino realizar un análisis crítico de la misma. Reconociendo su riqueza y diversidad, también debemos cuestionar aquello que ha contribuido a mantener la dominación y la desigualdad en nuestra sociedad.

La idea de comenzar desde cero se presenta como un desafío considerable, ya que no podemos simplemente borrar nuestro pasado. Zea propone una alternativa: comenzar desde nuestra historia pasada, comprender los centros de poder que nos han influido y analizar por qué los hemos aceptado. Esta introspección es esencial para evitar la repetición de impuestos de patrones y avanzar hacia una filosofía arraigada en nuestras raíces latinoamericanas. Esto nos permitirá, como colombianos, reconocer y tomar conciencia de nuestro pasado como una oportunidad para contribuir al pensamiento latinoamericano desde nuestra propia cosmovisión.

La pregunta sobre si deseamos emular a Estados Unidos o Europa cobra gran relevancia en este contexto. Revela la influencia profunda que hemos absorbido del pensamiento europeo y estadounidense, que ha moldeado nuestra percepción y acción en el mundo de una manera que a menudo parece forzada y ajena, sin lograr una emulación completa. Esta búsqueda constante de parecernos al "primer mundo" refleja nuestra continua exploración de nuestra propia identidad y resalta el impacto de la colonización y el expolio cultural en nuestra historia.

Colombia, como otros países, ha sido fuertemente influenciada por el pensamiento europeo y estadounidense, que a menudo se presenta como un modelo de "superioridad" del "primer mundo". En contraste, se nos ha mirado con cierto desdén debido a nuestra historia, herencia y formas de vida distintivas. Sin embargo, cuestionar esta hegemonía nos brinda la oportunidad de apreciar la diversidad de enfoques y perspectivas que enriquecen nuestra comprensión del mundo y nos permite definir nuestra propia identidad sin la imposición de estándares extranjeros.

La lucha constante por la independencia y la búsqueda inquebrantable de la libertad han sido una constante en las naciones latinoamericanas, incluyendo a Colombia. La persistente desigualdad, la pobreza y la corrupción que han afectado a nuestra sociedad a lo largo de los años pueden atribuirse en gran parte a la influencia de los centros de poder que han mantenido a la población sometida a filosofías y políticas ajenas a nuestra esencia y realidad.

Es en este contexto que las nuevas generaciones anhelan liberarse de estas cadenas, tanto en el ámbito físico como cultural y mental. Este esfuerzo representa un compromiso significativo, en el que la reflexión crítica y la adopción de la filosofía de la liberación propuesta por Zea desempeñan un papel fundamental. A través de esta filosofía, se cuestiona y desafía la influencia de los centros de poder, permitiendo que Colombia construya su propia identidad y contribuya auténticamente al progreso global con un legado de pensamiento independiente y reflexión crítica.

En consecuencia, la filosofía de la liberación emerge como un avance significativo para Colombia, sus intelectuales y su población en general. Proporciona las herramientas necesarias para cuestionar y superar las limitaciones impuestas por los centros de poder, buscando la emancipación y contribuyendo al enriquecimiento de la experiencia humana a través de una perspectiva genuina y comprometida. Así, se forja un camino hacia una sociedad más auténtica, consciente de su historia y cultura, capaz de contribuir al progreso global con un legado de pensamiento independiente y reflexión crítica.

LA BESTIA DEL CORAZÓN DE HERTA MÜLLER: POÉTICA DEL TRAUMA Y REIVINDICACIÓN DE LA INDIVIDUALIDAD EN LOS CONFLICTOS SOCIALES

 LA BESTIA DEL CORAZÓN DE HERTA MÜLLER: POÉTICA DEL TRAUMA Y REIVINDICACIÓN DE LA INDIVIDUALIDAD EN LOS CONFLICTOS SOCIALES


THE BEAST FROM THE HEART: POETICS OF TRAUMA AND VINDICATION OF INDIVIDUALITY IN SOCIAL CONFLICTS


Valeria de los Ángeles Torres Cubillos
 
Universidad del Valle / Colombia



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Referencia Recomendada: Torres-Cubillos, V. A. (2022). La Bestia del Corazón de Herta Müller: Poética del trauma y reivindicación de la individualidad en los conflictos sociales. Revista de Psicología GEPU, 13 (2), 118-124.


Resumen: En el marco de la literatura contemporánea se han destacado como tópicos recurrentes la experiencia de la guerra, el trauma y la subsanación social. Este ensayo tiene como objetivo presentar cómo La bestia del corazón explora estas temáticas a través de la poética del trauma. Con base en los estudios previos acerca de la obra de Müller, se propone la manifestación de las vivencias traumáticas por medio de recursos retóricos y narrativos distintivos en la escritura de la autora: objetos simbólicos, secretismo, despersonalización, etc. Además, se argumenta el carácter reivindicativo de los dramas individuales en los conflictos sociales, en este caso, en la dictadura de Ceausescu; para este fin, se analizan los dramas particulares de distintos personajes en la novela. Finalmente, el recorrido argumental presenta una postura que rechaza el tono de reconciliación social como una posibilidad de superar el trauma.

 Palabras clave: Trauma, poética, individualidad, dictadura, reivindicación.

 

Abstract: In the context of contemporary literature, recurring topics such as the experience of war, trauma and social retrieval have stand out. This essay has as an objective present how The beast from the heart explores this themes through trauma poetics. Based on studies previous to Müller’s work, it proposes manifestation of traumatic experiences through rhetorical and narrative resources in the author's writing: symbolic objects, secrecy, derealization, etc. Also, it argues the claiming characteristics of singular dramas in social conflicts, in this case, during Ceausescu’s dictatorship; to meet this end, it analyzes the individual dramas of different characters throughout the novel. Finally, the argumentative tour shows a stance that rejects the socially forgiving tone as a chance of overcoming trauma.

Key Words: Trauma, poetic, individuality, dictatorship, vindication.


 Recibido: 28 de Agosto de 2022 /Aprobado: 30 de Diciembre de 2022


Valeria Torres Cubillos. Estudiante de noveno semestre de Licenciatura en literatura, Universidad del Valle. Correo electrónico: valeria.cubillos@correounivalle.edu.co


La bestia del corazón (1994) me obligaba a detenerme cada cinco páginas, frotar con fuerza mis ojos para alejar la arrolladora melancolía y, con los recuerdos en el cuerpo, continuar leyendo de la desesperanza, la rabia, la pulsión suicida, el miedo y el amor frustrado que se traslucía en la narradora. Tengo que admitir que cuando elegí explorar esta novela no estaba precavida ante la multiplicidad de emociones y sentimientos que causaría en mí. Desde hace un par de años las temáticas de la muerte y, sobre todo, del suicidio, se convirtieron en mi búsqueda recurrente en la literatura. Sin embargo, el tratamiento de estos conflictos en La bestia me conmovió como nunca antes, en muchas ocasiones hasta el llanto. Los lectores y las lectoras interesadas en escudriñar su individualidad en relación con los tópicos planteados y, además, con el trauma, la política y la misoginia en la sociedad, pueden sentir una especial afinidad por la deslumbrante poética de Herta Müller.

Los cimientos de La bestia se construyen a partir del contexto sociopolítico de la dictadura de Ceaușescu. El relato se desarrolla en la ficción, no obstante, coexiste una parte significativa que nos remite a la autobiografía de la autora; por ejemplo, no es gratuito que la narradora exponga sus vivencias del régimen desde el exilio en Alemania. Aun así, considero que la novela no adquiere un carácter testimonial, sino que se inscribe dentro de la literatura contemporánea al presentar las tensiones sociales a través de los conflictos internos de los individuos. Alimentándose de los sucesos históricos que la definieron, Herta Müller configura su narrativa alrededor del trauma individual en función del sujeto inmerso en las coyunturas políticas que lo atraviesan, valiéndose de recursos simbólicos, y bellamente logrados, que producen una sensación de intimidad y compasión por la protagonista. Este carácter tácito de la estética de Müller nos exige ceñirnos a los códigos referenciales que propone la novela.

En primera instancia quiero referirme a la escritura del trauma en La bestia. Uno de los recursos estilísticos que más me interesaron en la lectura responde al juego narrativo que sugiere dos planos temporales: la infancia y el presente de la protagonista. Además, añade una estrategia evidente en cuanto a la potencia del sentido: marcar la distancia entre estos relatos a través del uso de la tercera persona para el pasado (“la niña”) y de la primera persona para el presente. De acuerdo con Marven (2005), la estructura discursiva es deliberada, ya que pertenece a una de las manifestaciones del trauma:

La separación de Herztier en dos niveles temporales, con el pasado (la niñez del narrador) narrada en el presente, y la separación relacionada del narrador en primera y tercera persona(das kind), corresponde respectivamente al trauma disruptivo de cronología y su disociación. (p. 83, trad. prop.)

La propuesta de Müller de ubicar la germinación del trauma previa a la dictadura me parece valiosa para la clasificación de la novela como literatura contemporánea. Los sujetos envueltos en tensiones políticas reafirman su individualidad más allá de lo colectivo: el caos interno —casi siempre incubado en la infancia— se acrecienta con el caos externo. Es decir, da importancia a la historia previa de los individuos en relación con la sociedad. Los conflictos de los personajes no se limitan al régimen, siempre han estado allí, pero este tiene la capacidad de hacerlos aflorar. En el siguiente fragmento se presentan los recuerdos de una niñez dolorosa que influyen en la construcción identitaria de la narradora:

La niña se transforma de envidia al ver que otros niños juegan mejor que ella. De avaricia al ver que otros tocan lo que le pertenece sólo a ella. Pero también de miedo al ver que puede quedarse sola. (...) No tiene más remedio que morder y arañar. (...) Luego la soledad. La niña es fea y está más abandonada que cualquier otra cosa en el mundo. (...) Y de repente me encontré con la muñeca de Edgar entre los dientes, le había arrebatado la tortura de gallinas de las manos y le había arañado el brazo. (Müller, 2009, pp. 109-110)

Hace un par de meses, en el espacio de terapia, mi psicólogo me refería que el requisito esencial para superar los traumas es nombrarlos. Mientras exploraba la historia de la narradora, sentía una angustia constante ante su imposibilidad de reconocer sus traumas, sus temores y sus obsesiones. El personaje es incapaz de someterse al dolor, de narrarlo, así que vuelca todo su sufrimiento en una escritura retórica que refleja su incapacidad de liberarse del caos interno. Esta propuesta es evidenciada en Marven cuando afirma que "La emoción se traduce en una sensación física o un objeto que tiene una existencia separada dentro del cuerpo o en el exterior del mundo" (2005, p. 74, trad. prop.).

La necesidad de la narradora de reflejar el miedo y la tristeza por medio de objetos e imágenes simbólicas revela ciertos rasgos poéticos en la escritura de Herta Müller. El temor y, al mismo tiempo, la añoranza ante la muerte, desdibujan las líneas entre el mundo interior y el mundo exterior. El trauma se transforma en objetos tangibles, agudizando su malestar. En el relato encontramos que, entre las posibilidades de consumar el suicidio, la protagonista se siente tentada por la idea de arrojarse al río con los bolsillos repletos de piedras a lo Virginia Woolf. A continuación, aparece uno de los pasajes que me hicieron apartar por unos instantes mi mirada de la lectura. El personaje, destrozado por la muerte de George, materializa su fantasía del suicidio, construyendo unas líneas arrolladoras por la fuerza de la fatalidad, la desesperanza y una suerte de resignación ante la imposibilidad de cometerlo:

Desde la muerte de George ya no podía tenderme en la oscuridad. (...) El vestido colocado sobre la silla se transformó en una mujer ahogada. Tuve que guardarlo. Las medias pendían del respaldo de la silla como piernas amputadas. A oscuras me habría tendido en un saco. En el del cinturón [Lola], en el de la ventana [George]. Y en el que nunca fue mío, el de las piedras. (Müller, 2009, p. 153, énfasis propio)

Otro recurso atrapante en la narrativa de Müller es la poética de la muerte. Considero que la caracterización metafórica de la muerte responde al temor colectivo de señalar los efectos fatales de la dictadura. Es decir, la opresión del Estado, que se traduce en la destrucción de los sujetos, no puede ser nombrada por la narradora al sentirse perseguida e insegura, así que la refiere a través de objetos simbólicos. Al principio de la novela, la protagonista guarda memoria de sus muertos a través del miedo y la incomprensión de su deceso: “Aún hoy no puedo imaginarme una tumba. Sólo un cinturón, una ventana, una nuez y una soga” (p. 7), convirtiendo la intangibilidad de la muerte en objetos.

De hecho, en su discurso tras ganar el Nobel de Literatura, Herta Müller desarrolla esta parte de su narrativa dedicada a la expresión a través de los objetos; objetos que, una vez escritos, se convierten en palabras: “Pero para asegurarnos nuestra propia existencia necesitamos los objetos, los gestos y las palabras” (Müller, 2009). Justo después, plantea la condición simbólica de las cosas en sistemas de opresión y censura, un recurso que, como hemos mencionado, alimenta la prosa de la autora:

Cuando se nos prohíbe la boca, intentamos afirmarnos con gestos e incluso con objetos. Son más difíciles de interpretar y permanecen un tiempo libres de sospecha. Y así pueden ayudarnos a convertir la humillación en una dignidad que permanece libre de sospecha por un tiempo. (2009)

Iztueta (2019) afirma que el estilo sugerente de transformar a las personas en signos corresponde a que “(...) los objetos se convierten en imágenes del trauma, como la concreción de un enigma imposible de descifrar o comprender” (p. 281, trad. prop.). Como he mencionado, este recurso produce la ilusión de un espacio de intimidad y secretismo con la narradora. Este efecto de conducir al lector al lenguaje de la represión (codificado, encubierto, disimulado) enriquece aún más la experiencia lectora. Mientras ahondaba en el relato de la protagonista sentí que estaba confiando en mí, contándome sus confidencias y sus recuerdos dolorosos desde el temor a ser descubierta. En síntesis, Müller nos transporta no sólo desde los hechos, sino con el lenguaje mismo a la realidad agobiante de la dictadura.

En continuidad con lo anterior, la autora indaga en la filiación grupal de los individuos como un ejercicio de resistencia ante el gobierno; este elemento se construye, en un principio, en la amistad entre la narradora, George, Kurt y Edgar. A pesar de que los sujetos asumen la dictadura desde sus propios traumas y experiencias, el miedo generalizado los impulsa a reconocerse en los otros. No obstante, Müller asume esta búsqueda de los pares a partir de la desesperanza: incluso cuando los personajes son afectados en igual medida por la represión y la persecución, se privilegia la imposibilidad de experimentar la dictadura desde la unidad, reafirmándose como individuos dispares. La narrativa de la escritora no pretende generalizar las experiencias de la dictadura, como se evidencia en el siguiente fragmento:

Seguíamos viendo muchas cosas como una sola persona, como cuando Edgar, Kurt, Georg y yo aún estudiábamos. Pero la desgracia afectaba a cada uno de manera distinta desde que estábamos desperdigados por el país. Seguíamos necesitándonos. Las cartas con los cabellos no servían más que para leer el propio miedo en la caligrafía del otro (...) cada uno debía abrir y al mismo tiempo cerrar con fuerza los ojos por su propio esfuerzo. (Müller, 2009, p. 149)

De hecho, la escritura de Müller se enriquece con ciertos rasgos poéticos que invitan a una conexión emocional con los dramas individuales de los personajes y, sobre todo, de la protagonista. Entre sus desdichas, uno de los fragmentos más dolorosos — y más líricos— es cuando descubre que Tereza, la única persona que amó en medio del desconcierto, la traicionó con el gobierno. Podemos sentir la frustración, el resentimiento y la indecisión ante el resquebrajamiento del amor y la confianza:

Me habría gustado arrancarme el amor, arrojarlo al suelo y pisotearlo. Tumbarme a toda prisa junto a ella para que se metiera de nuevo en mi cabeza a través de esos ojos diminutos. Me habría gustado arrancarle la culpa del cuerpo como si de un vestido andrajoso se tratara. (Müller, 2009, p. 105)

En este punto quisiera ahondar en las mujeres de la novela. De acuerdo con Haines y Marven (2013): “La participación de las mujeres en la opresión política aparece así cualitativamente diferente de la de los hombres” (p. 154, trad. prop.); es decir, las figuras femeninas además de ser víctimas de la dictadura, sufren el drama individual de pertenecer a un sistema misógino. En la obra se presentan dos casos de mujeres sometidas que, aparte de ilustrar la brillantez estética de Müller, me estremecieron por su resignación y sufrimiento; ellas son: la enana muda que habita en las calles y la madre de los hijos a los que la narradora les da lecciones de alemán.

En el primer caso, el cuerpo de la mujer se convierte en un objeto sexual para complacer a los hombres agobiados por el contexto sociopolítico del país. Los hombres de las fábricas —los obreros de clase media— violaban a esta mujer que, sumida en el silencio, no podía defenderse, sometiéndola así a múltiples embarazos y abortos. Además, la policía tenía la orden de no intervenir y, eventualmente, dejarla morir en una de las tantas violaciones:

Todo lo que comía la enana se convertía en un niño. Era delgada, pero su vientre aparecía hinchado. Los obreros de los turnos la habían hinchado al amparo de una noche de primavera que sin duda era tan silenciosa como muda era la enana. (p. 134).

En el segundo caso nos encontramos ante una mujer doblegada a un matrimonio violento, apresada por la costumbre y su obligación como madre. La situación se presenta a través de la narradora en la tarde que imparte la primera lección de alemán a los niños. Al llegar, el niño menor la pone al tanto de la situación: Su padre se enfureció, quiso pegarle a su madre y al no poder porque esta se encierra en una habitación, se alcoholiza en el comedor mientras vocifera amenazas de incendiar la casa con todos adentro. Después de que el hombre abandona el lugar tras descolgar la puerta, la narradora muestra compasión por la desdicha de la mujer, construyendo una escena de complicidad femenina:

Y entonces me puse a acariciar el cabello de una mujer desconocida como si fuéramos íntimas. La mujer se perdió bajo mi mano. Se consumía en aquel amor atado del que no quedaban más que dos hijos, el hedor del humo y una puerta descolgada. Y una mano desconocida en el pelo. (Müller, 2009, p. 125)

En ese sentido, a pesar de que Müller no pretende construir su personaje como una figura del feminismo, presenta en este apartado rasgos de conmiseración y humanidad por las tragedias que ocurren en las periferias de la guerra, aquellas desdichas cotidianas que afectan a los individuos: “La mujer y yo colgamos la puerta. La mujer trabajaba con ímpetu porque sólo pensaba en la puerta. Pero yo pensaba en ella: en que yo me iría y ella se quedaría sola tras aquella puerta” (p. 127). Estas escenas producen un sabor amargo en la boca tras una sensación de desesperanza, preocupación y afecto hacia aquellas mujeres que, lejos de existir solamente en la ficción, se encuentran acostumbradas a la violencia.

De igual manera, al referirnos a los personajes femeninos de la novela es necesario destacar a la abuela de la narradora quien es, de hecho, la que da el título de La bestia. A pesar de las carencias afectivas de sus padres, la protagonista refleja un profundo amor por su abuela materna, aquella que canta y que ha perdido la memoria hasta no reconocerse ni a sí misma. Esta mujer, que como su padre y su abuelo sufre los residuos de la Segunda Guerra Mundial, “sabe que todo el mundo tiene una bestia del corazón” (Müller, 2009, p. 53), refiriéndose a la resistencia vital que impulsa a los individuos a reclamar su individualidad en medio de los horrores de la dictadura. La bestia puede entenderse como la esperanza, la motivación natural por sobrevivir; cuando morimos u olvidamos, la bestia del corazón se apaga.

Retomando un poco el sentido político de la obra, hay un apartado que me recuerda a la noción kafkiana respecto a los sistemas totalitarios. En El castillo (1926), las personas adheridas al poder pierden su condición de independencia y libertad: se convierten en funcionarios imposibilitados de cuestionar al Estado. Respecto a esto, Milán Kundera menciona que: “En la historia moderna hay tendencias que reproducen lo kafkiano en la gran dimensión social: la concentración del poder que tiende a divinizarse [...]; la consiguiente despersonalización del individuo” (2006, p. 33, énfasis propio). Por su parte, Herta Müller resignifica la imagen de los funcionarios y servidores de la dictadura. El siguiente fragmento responde a un ligero tambaleo en la convicción de un vigilante al ver el cadáver del hombre que esperaba a su esposa asesinada afuera de la cárcel del gobierno:

El abrigo del vigilante estaba presente. También la gorra nueva del vigilante. Sólo los ojos bajo la gorra estaban ausentes. Tal vez la huella de la niñez paralizaba al vigilante junto al muerto. Tal vez bajo su cráneo anidaba un pueblo. Tal vez pensó en su padre, a quien llevaba tiempo sin ver. O en el abuelo que ya había muerto. Quizás en una carta con la enfermedad de su madre. O en un hermano que tenía que apacentar las ovejas de patas rojas desde que el vigilante se había marchado de casa. (Müller, 2009, p. 78)

Herta Müller intenta distanciarse de cualquier aspecto totalizante e incluso en los militantes del gobierno aparece una reivindicación de la historia individual que cuestiona la inconsciencia de estos sujetos. En otras palabras, coexiste su condición de funcionario abnegado con un pasado, una infancia, una familia, un pueblo. Además, la representación simbólica expone la cercanía entre los aparentes opresores y los oprimidos que se ha desdibujado por la dictadura: todos reciben una carta con la enfermedad de su madre. Este apartado me remite a reflexiones pasadas: las figuras del poder tienden a sentirse tan distantes e inhumanas que concebimos imposible cualquier tipo de vinculación. Sin embargo, no he dejado de preguntarme qué nivel de conciencia tienen los funcionarios acerca de las injusticias, qué historias los atraviesan y qué tan semejantes son a las nuestras, ¿es posible que bajo sus cráneos anide un pueblo?

El aspecto ambivalente entre lo político y lo individual se resume en las últimas líneas. La narradora desde su exilio no pretende una reconciliación con las dolorosas experiencias que padeció en la dictadura, sino que reafirma el desprecio hacia aquellas figuras de poder que desgarraron a los individuos y, más allá, a toda la sociedad rumana. En ese sentido, la novela no pretende subsanar las heridas de la dictadura, pues siempre se movilizaron entre la incomprensión y la frustración. No hay una posibilidad de restauración o esperanza, sólo quedan los retazos del odio, el rencor y el reclamo para los hombres que resquebrajaron el país:

Deseé que el capitán Pjele llevara un saco con todos sus muertos. Que su pelo cortado oliera a cementerio recién segado cuando fuera al barbero. Que sus delitos apestaran cuando después del trabajo se sentara a la mesa con su nieto. Que a ese niño le repugnaran los dedos que le daban el pastel. (Müller, 2009, p. 166)

En síntesis, La bestia del corazón resignifica la individualidad en medio de una dictadura que pretendía arrancar cualquier posibilidad de autonomía y libertad que amenazara al partido. Es interesante encontrar que los personajes pueden tener múltiples aristas en su construcción sin reducirse solamente a las crueles experiencias de la tiranía. A través de la búsqueda en su pasado, Müller rescata la memoria de la resistencia y la muerte en la dictadura de Ceaușescu. Es gracias a la riqueza de su prosa que los sujetos y sus conflictos internos nos conmueven al presentarnos los traumas parentales de la narradora, su inclinación al suicidio, su amistad con Tereza y los cuatro hombres que la acompañan en el miedo, la rabia ante la persecución y los asesinatos, las mujeres abusadas y la profunda de desesperanza que abriga al relato con la melancolía de haber sufrido en carne viva la brutalidad de la opresión y el silenciamiento.



Referencias

Haines, B and Marven, L. (2013). Herta Müller. Oxford University Press.

Iztueta Goizueta, G. (2019). “Embodying the Memory of the Silenced Dead in Herta Müller’s Herztier and Atemschaukel”. Quaderns de Filologia: Estudis Literaris. XXIV: 271-288. doi: 10.7203/qdfed.24.16344

Kundera, M. (2006). El arte de la novela. Tusquets.

Marven, L. (2005). Body and Narrative in Contemporary Literatures in German. Herta Müller, Libuse Monkívoká, and Kerstin Hens. Oxford Modern Languages and Literature Monographs.

Müller, H. (2009). La bestia del corazón. Siruela.

 

  

  

  

 


CUERPO Y ALMA: UNA PERSPECTIVA FILOSÓFICO-ANTROPOLÓGICA

 CUERPO Y ALMA: UNA PERSPECTIVA FILOSÓFICO-ANTROPOLÓGICA


BODY AND SOUL: AN ANTHROPOLOGICAL PERSPECTIVE PHILOSOPHICAL


Luis Ferney Mora Acosta & Victor Hugo Rosero Arcos
 
Universidad Mariana / Colombia



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Referencia Recomendada: Mora-Acosta, L. F., & Rosero-Arcos, V. H. (2022). Cuerpo y alma: Una perspectiva filosófico-antropológica. Revista de Psicología GEPU, 13 (2), 104-117.


Resumen: El presente artículo reflexivo trata acerca de la naturaleza constitutiva del hombre y del vínculo entre alma y cuerpo, según las figuras más relevantes del pensamiento griego antiguo y medieval. Conscientes de que se trata del pensamiento de teólogos y filósofos, intentaremos mostrar, sin embargo, que sus planteamientos en este tema se apoyan en argumentos de orden antropológico en cuyos referentes teóricos se refleja con claridad y coherencia doctrinal. Por consiguiente, estas dos categorías, tanto el cuerpo como el alma constituyen un compuesto humano, en el cual se podría dar una multitud de formas y de actos existenciales distintos, pero sin que afecte la unidad sustancial. La unidad entre cuerpo y alma como dos entidades distintas, capaces de existir por separado, es decir, la unidad de dos entidades diferentes que coexisten.

 Palabras clave: Cuerpo, Alma, Antropología, Filosofía, Teología.

 

Abstract:  This thoughtful article discusses the constitutive nature of man and the link between soul and body as the most important figures of Ancient and Medieval Greek thought. Aware that it is the thought of theologians and philosophers try to show, however, that his ideas in this topic are based on anthropological arguments whose theoretical framework is reflected clearly and doctrinal coherence. Therefore, these two categories, both body and soul are a human compound, which could give a multitude of shapes and different existential acts, but without affecting the substantial unity. The unity of body and soul as two distinct, able to exist separately, ie the unity of two different entities coexisting entities.

Key Words: Body, soul, anthropology, philosophy, theology.

 

Recibido: 22 de Julio de 2022 / Aprobado: 15 de Diciembre de 2022


Luis Ferney Mora Acosta. Filosofía y letras (U. de Nariño), Especialista en estudios latinoamericanos, educación e investigación (U. de Nariño), Maestría en Estudios latinoamericanos – Filosofía (UNAM-México), Doctorando en Filosofía (UCA – Buenos Aires) Profesor del Programa de Psicología, Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales, de la Universidad Mariana, Departamento de Humanidades y Filosofía, de la Universidad de Nariño (Pasto – Nariño). Integrante del grupo de investigación: Psicología y desarrollo humano. Correo electrónico: moraferney@hotmail.com.

Victor Hugo Rosero Arcos. Psicólogo (U. Mariana), Filósofo y Teólogo (U. Mariana), Especialista en Pedagogía (U. Mariana), Magister en Pedagogía (Universidad de Nariño). Profesor del Programa de Psicología, Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales, de la Universidad Mariana (Pasto – Nariño). Integrante del grupo de investigación: Desarrollo humano y social. Correo electrónico: victorhugo987@yahoo.es



La presente reflexión en torno a dos categorías de trascendental importancia, como lo son, el cuerpo y el alma, parte de los siguientes cuestionamientos; ¿qué es el hombre? ¿Cuál es el concepto de la unidad antropológica? Es decir, este estudio pretende el análisis del discurso filosófico-antropológico a profundidad de las categorías mencionadas, consideradas como contenidos relevantes del debate filosófico-teológico.
 
Desde esta perspectiva, la historia de la humanidad indica a través de los lenguajes, de la palabra escrita, de los acontecimientos y el archivo oral de las costumbres, tradiciones y circunstancias de los pueblos y culturas, la preocupación epistemológica por el tema del hombre, su naturaleza, su situación socio-cultural y su rol en el mundo. Entonces, el preguntar por el hombre, se ha considerado como las temáticas centrales para las diferentes tendencias natural, cultural, teológica y filosófica, como también el objeto principal de los diferentes saberes disciplinares a través de los cuales, el hombre pretende interpretarse en la historia.
 
Por lo tanto, es necesario en primera instancia, detenernos un instante a reflexionar sobre el concepto mismo de una antropología dentro de los linderos del cristianismo, pero igualmente, importante repensar la unidad antropológica frente a la inmortalidad del alma desde unos presupuestos filosóficos griegos hasta las tesis medievales. En este sentido, la antropología es la ciencia que estudia al hombre, sus actitudes, cultura, costumbres, origen, historia, evolución, entre otros aspectos. Saber quién es el hombre, averiguar sobre su pasado, su vida, su forma de organizarse en el tiempo y en el espacio, identificar las similitudes y diferencias que existen entre los grupos humanos, conocer en sí la esencia de la humanidad, son los grandes interrogantes que se hace la antropología.
 
En consecuencia, en este transitar por los linderos antropológicos, es conveniente repensar el diálogo disciplinar entre la antropología filosófica y la cristiana, es decir, la antropología filosófica se define como aquella disciplina que postula como tarea fundamental en su quehacer investigativo, dar respuesta al cuestionamiento: ¿qué es el hombre? Como una aproximación, específicamente, al concepto en su totalidad.
 
Entonces, preguntarse quién es el hombre ha sido una incógnita que las sociedades siempre se han hecho. Desde la filosofía existen diferentes respuestas, así Max Scheler describe la presencia de estas visiones, la primera se refiere a la tradición griega, que plantea que el hombre es un animal racional, el cual puede elegir su destino. En este sentido, la antropología cristiana es de tradición judeocristiana, que mira al hombre como una creación de Dios, “a su imagen y semejanza”.
 
Dentro de esta reflexión en torno a las concepciones de cuerpo y alma, es importante hacer hincapié en lo que respecta al legado griego, más precisamente, sobre las propuestas antropológicas de los tres grandes clásicos de la filosofía; por lo tanto, siguiendo los planteamientos de la profesora Filippi, podemos observar:
 
Que es precisamente en el siglo VI a.C. cuando se introduce el concepto de inmortalidad del alma en las doctrinas griegas desde el Oriente de la mano de los planteamientos órfico pitagóricos, y a partir de esta reflexión, se deduce que no sería diferente el destino de los llamados virtuosos con relación aquellos individuos que han vivido situaciones y circunstancias caracterizadas por el desorden y por tanto distanciadas de la dignidad y belleza de la naturaleza del alma. (Filippi, 2010)

Por consiguiente, en figuras tan significativas como Sócrates y Solón se observan importantes cambios y modificaciones en lo que respecta al concepto de la vida humana. Porque si antes los triunfos y los fracasos del hombre eran acreditados casi que únicamente a la voluntad de las divinidades, ahora, es el momento de pensar que los únicos responsables de nuestros actos somos nosotros mismos. Es decir, es la circunstancia en la cual se propicia una evidente interiorización de la ética.

Por esta razón, en esta disertación respecto a las concepciones de hombre y de inmortalidad del alma frente a la unidad antropológica, se observa claramente la presencia de la metafísica y de la ética como fundamentos antropológicos.

En términos generales, en este preguntar concreto por el hombre en cuanto hombre se inicia con un tinte muy tenue en la historia de la filosofía, para luego acentuarse a través de la disertación socrática y de grandes sofistas griegos como Protágoras y Gorgias en el siglo IV A.C. A través del preguntarse por el hombre en sus dimensiones de lo cívico y de la moral, como un ser natural inmerso en su cotidianidad.

Esta reflexión se vierte en el famoso principio de Protágoras: el hombre es la medida de todas las cosas, o en la célebre sentencia socrática; “conócete a ti mismo” pero también en obras clásicas, como la República de Platón, específicamente, en aquel primer tratado antropológico de la filosofía y en la Ética a Nicómaco de Aristóteles. Por lo tanto, es de ahí, donde transitando por el pensamiento griego, por el tomismo, por Descartes, por Pascal y Nietzsche hasta los modernos planteamientos interpretativos de Freud, Skinner o Foucault se plasma un renovado interés por el problema antropológico.

Por lo tanto, de acuerdo a lo anunciado anteriormente, podemos decir que con la sofística y Sócrates se implanta la investigación antropológica. Sin embargo, nos asalta la inquietud sobre si es posible conocer al ser humano tal como se conocen las cosas a través de la observación y la experimentación.

En este orden de ideas, Sócrates responde negativamente. Por cuanto el pensador griego manifiesta la necesidad de un método adecuado para el direccionamiento de la mirada al hombre. Esta metodología, es precisamente el diálogo, la mayéutica que desde la perspectiva socrática, escruta lo profundo del ser humano para el conocimiento de su esencia.

De igual manera, en el pensamiento griego se puede observar la evidente preocupación por el problema antropológico, en el cual Platón manifiesta que el hombre es un alma que se sirve de un cuerpo. Pero también, es importante reflexionar sobre la manera como Aristóteles define al ser humano como un animal racional, a partir de lo cual lo inscribe en el mundo de la naturaleza, es decir, como un ser que posee instintos, tendencias, aspiraciones, deseos y motivaciones animales y naturales. Esta aseveración permite visualizar que los comportamientos están regulados por esta clase de factores y que se pueden llamar factores irracionales.

Continuando con este reflexionar sobre la concepción del ser humano como unidad dentro de la postura filosófico-antropológica griega, podemos hablar del hombre como animal racional, por lo cual se concibe como un ser natural que obviamente se diferencia de los demás animales a partir de su pensamiento, su lenguaje y su razón. Los renglones anteriores permiten deducir que los comportamientos y conductas están regulados por lo racional. De esta manera, Aristóteles concibe al hombre como la unidad antropológica compuesta de esas dos fuerzas antagónicas. Por una parte, un ser sujeto al impulso animal, al instinto; por otro lado, a la razón y al espíritu.

Entonces, estos planteamientos hacen que se formulará el interrogante sobre si es el impulso animal (Oréxis) o el espíritu (Nous) quien regula en definitiva los comportamientos del ser humano. Frente a esto, Aristóteles responde al final de su obra “La Ética a Nicómaco” atribuyendo la primacía al factor racional, es decir, el alma sobre el cuerpo. Igualmente, enfatiza de esta manera, una evidente devaluación del impulso animal y del cuerpo.

Por consiguiente, se puede deducir que Sócrates, Platón y Aristóteles propician el surgimiento de una de las corrientes más significativas de la antropología filosófica, es decir, la antropología espiritualista o noética, la cual hace ver claramente que el espíritu, el alma y la razón como elementos esenciales y determinantes de todo ser humano.

Por lo anteriormente expresado, es pertinente volver a reflexionar sobre los aportes que ha hecho la propuesta filosófica socrática y, específicamente, desde su método, en el cual integra la ironía, la mayéutica y la dialéctica. Por tanto, mediante su sentencia irónica “sólo sé que nada sé” se fustiga y se cuestiona. A través de la mayéutica, se coloca a la luz los problemas fundamentales del hombre y desde su metodología dialéctica, entendida como el arte de preguntar inteligente se logra la determinación esencial del hombre.

Es así, como a partir del aporte que hace la investigación socrática se concluye que el hombre es alma y, por tanto, se hace partícipe de la naturaleza divina. Esta aportación representa gran importancia, por cuanto, si el hombre se concibe como una unidad de cuerpo y alma, la vida del alma no depende del cuerpo si no por el contrario, es la vida del cuerpo la que depende del alma, es decir, la supremacía de la razón sobre nuestra animalidad. De tal modo, la sentencia socrática: “conócete a ti mismo” implica que el ser humano está obligado a conocer el alma y comprender que fue hecha a semejanza de Dios.

Igualmente, por estos territorios de la unidad antropológica, es importante establecer el diálogo con la propuesta platónica; en la cual para comprender el concepto antropológico es necesario detenernos en uno de sus principales cuestionamientos; ¿qué es el hombre? Con este interrogante el pensador griego pretende encontrar el camino que nos conduzca a nosotros mismos.

Platón, al exaltar la divinidad del alma, redujo el cuerpo a simple cárcel temporal, y para él la unidad del alma y cuerpo no era más que un hecho accidental. Aristóteles acentúa la unidad entre cuerpo y alma, hasta el punto de tener que volver más tarde a determinadas tesis platónicas para explicar la inmortalidad del alma. (Reale & Antiseri, 1991)

En este contexto, para Platón, el ser humano es un alma que se sirve de un cuerpo. Es decir, que en su propuesta filosófico-antropológica, el autor plasma claramente la diferencia radical entre el cuerpo y el alma, pero enfatizando sin lugar a dudas, la primacía del alma sobre el cuerpo, por cuanto Platón aseveraba que el alma se constituía en el principio del cuerpo. Por lo tanto, a la mejor manera del pensador griego, el cuerpo es una realidad sensible y natural, propicia al cambio y en consecuencia es mortal, pero a diferencia de éste, el alma es racional, es una realidad espiritual.

Pero, bien dentro de esta reflexión acerca de los conceptos de alma y cuerpo desde la propuesta filosófica platónica es importante repensar la diferencia entre alma racional y alma irracional, donde esta última está constituida por una parte afectiva y otra apetitiva.

Entonces, Platón intenta explicar la naturaleza del alma, recurriendo a la imagen de un monstruo multiforme y policéfalo que adopta la forma humana y la cual divide en tres partes: el hombre sabio simboliza la inteligencia y la razón. El león representa la pasión, el sentimiento y la voluntad y la hidra de cien cabezas que sin descansar se transforma como los caprichos del corazón y el apetito. Igualmente, apela al mito del carro alado, donde Platón presenta al hombre como el conjunto formado por un carro, un par de caballos alados y su auriga, en lo cual se observa la verdadera imagen del cuerpo, el alma racional adherida a las pasiones del corazón.

En esta situación mítica se aprecia claramente que el conductor o el auriga simbolizan el alma racional o el elemento racional de la acción. En el mito, el caballo hermoso y bueno representa la función afectiva de la acción, quien se empecina en alcanzar el mundo de la divinidad, mientras la función apetitiva de la acción se encuentra simbolizada por el caballo sanguíneo tendiente siempre a la pasión sensual, constantemente arrastrándonos al mundo terrenal.

Platón, en otra de sus obras importantes, El Timeo, muestra que el alma racional reside en la cabeza y está facultada para ejercer soberanía sobre el cuerpo, el alma afectiva y apetitiva; donde la primera habita en el pecho y la segunda tiene su morada en el abdomen.

Igualmente, Aristóteles manifiesta que el hombre nunca será un ser sin pasiones irracionales, pero también, es el alma quién las regula. De esta manera, el estagarita expresa que el hombre es la unidad de cuerpo y alma; un ser dotado de apetito y razón, llegando a la deducción de que el hombre se concibe como el animal más acabado y perfecto de la naturaleza, pero no hay que olvidar que se puede convertir en el animal más peligroso cuando se distancia de los parámetros de la normatividad y de la justicia.

Continuando con esta reflexión sobre la unidad entre alma y cuerpo desde una perspectiva antropológico-filosófica es necesario adentrarnos en la propuesta que subyace en la concepción del cristianismo donde vuelve a plantearse el problema antropológico, por lo tanto, acudamos a lo expresado por Givanni Reale y Dario Antiseri:

El problema de la materia y de sus implicaciones posee en Tomas un significado distinto. La materia hace referencia a la composición de las cosas, al principio de individuación y a la relación con el mundo espiritual, pero Tomas la separa de aquel fondo tenebroso y obscuro, típico del mundo griego y, sobre todo, de aquel aspecto dualista y pesimista característico de la cultura helénica. Para Tomás, el cuerpo es tan sagrado como el alma. (Reale & Antiseri, 1991)

En este orden de ideas, se ve claramente las diferencias con relación al problema de la materia entre la doctrina tomista y el modelo antropológico del pensamiento griego. En el primero de éstos, sobresale la exposición de la fusión cuerpo-alma; en cuya unidad se determina el origen divino del alma humana y de su unión accidental con el cuerpo. Es decir, en el pensamiento cristiano vuelve a pensarse el problema de la unidad antropológica alma-cuerpo y la cuestión de la dignidad humana, especialmente en San Agustín y Santo Tomas, figuras representativas de la patrística y la Escolástica.

Tomás, en cambio, sin desconocer la sustancialidad de quienes componen la unidad. Es preciso salvaguardar la unidad. El hombre individual es el que piensa y no sólo el alma; el hombre es el que siente y no sólo el cuerpo. Aunque es espiritual, el alma es la forma del cuerpo. Más aún, su formalidad (su capacidad de animar el cuerpo) es la que funda su sustancialidad. (Reale & Antiseri, 1991)

  En el tomismo, una de las temáticas importantes dentro de su perspectiva antropológica es precisamente captar la plenitud del ser humano como fusión sustancial entre un cuerpo orgánico y un alma racional. El hombre consta de una naturaleza espiritual pero también de una corporal, pero es exactamente con la unión entre ellas, cuando se concluye que el hombre no es solamente cuerpo, ni solamente alma. Por lo tanto, se trata de una unidad psico-somática, por cuanto, el ser humano presenta una doble naturaleza, una naturaleza espiritual constituida por el alma racional y una naturaleza corporal, desde luego, unidas en un solo ser.

Por lo tanto, para Tomás, desde una mirada somática, el cuerpo no es el hombre, ni lo que siente, quiere o ama. Es decir, la persona humana es la unidad sustancial de los dos elementos, esencialmente diferentes, lo que conforma su estructura óntica. La anterior aseveración, conlleva a deducir que para santo Tomás, el alma es el principio de ser y acción, esto es, el alma racional es la que ordena y se une al cuerpo, constituyéndose de esta manera en el principio vital y única forma sustancial.

Igualmente, para Santo Tomás, el hombre se constituye como la totalidad del ser, por cuanto se encuentra en el centro mismo de todo cuanto existe, por tanto, con relación a esta última conceptualización se dice que el hombre se estructura tanto de lo óntico material y corporal como de lo óntico espiritual.

Desde este punto de vista, es de trascendental importancia, reflexionar sobre estos presupuestos antropológicos de la época del Medioevo. En este sentido, San Agustín enfatiza que el hombre es alma racional que tiene un cuerpo mortal y terreno para su uso y} el alma es definida como una cierta sustancia dotada de razón que está allí para dominar y regir el cuerpo. (San Agustín, 1947)

Es decir, el hombre se identifica con el alma, el cuerpo se concibe como un constitutivo no esencial. Por tanto, definitivamente el dualismo platónico sigue aportando a las tesis del pensamiento agustiniano, pero cabe anotar que en este momento ya se ha superado la postura pesimista de concebir al cuerpo como cárcel; por cuanto, ya no se considera al cuerpo como el causante de todos los males.

Continuando con esta reflexión en relación a la concepción de hombre y a la inmortalidad del alma, desde presupuestos antropológicos, recurramos nuevamente a San Agustín:

Por tanto, el hombre se identifica con el alma, el cuerpo no es un constitutivo esencial, indudablemente el dualismo platónico sigue aportando a San Agustín elementos fundamentales, pero es claro que aquí ya se ha liberado de la visión pesimista del cuerpo como cárcel.. Así, dice que el alma es “una sustancia razonable hecha para regir un cuerpo” (San Agustín, 1947)

De tal manera, San Agustín es consciente que a pesar de su fe cristiana, el hombre es carne viva, es decir, unidad corpórea-espiritual, por otra parte, enfrenta grandes obstáculos para explicar esta unidad antropológica, por cuanto los considera dos elementos diferentes. Desde esta perspectiva, el pensador medieval define al hombre como un “alma racional” poseedora de un cuerpo y que necesita de un cuerpo, por lo cual, en la fusión de estos dos, es precisamente, el cuerpo el que resulta mayormente beneficiado.

Agustín manifiesta que el hombre se compone de un alma razonable y se sirve de un cuerpo, pero sin embargo, no alcanza a proporcionar una clara solución a esta problemática con relación a la unidad antropológica, por esto es evidente la impronta platónica a lo largo y ancho de sus tesis respecto a la fusión cuerpo y alma.

Igualmente, es Nemesio de Émesa, pensador de la patrística que realiza una exposición clara sobre los términos de este problema. En su texto Sobre la naturaleza del hombre, defiende su planteamiento de manera sólida, refiriendo las dos grandes tendencias antropológicas del pensamiento filosófico griego: por una parte, la doctrina platónica, que presenta al alma humana como una sustancia espiritual, autónoma e inmortal, pero que evidentemente no logra una explicación concreta sobre la unidad antropológica.

Por otra parte, la propuesta de Aristóteles al exponer que el alma es el acto primero del cuerpo proporciona una sólida explicación a la problemática de la unidad, pero evidentemente no logra una solución a la cuestión de la autonomía del alma. Por lo tanto, para Nemesio, el alma es la forma del cuerpo, o es una sustancia espiritual.

Éste es el planteo del estado de la cuestión, ante lo cual San Buenaventura formula una sólida explicación. Pero se cree conveniente, antes de entrar a exponer su desarrollo, tener en cuenta la interpretación averroísta de la antropología aristotélica. En consecuencia, para el pensador árabe, los textos aristotélicos plasman la separación del alma humana del llamado espíritu del hombre. Una respuesta determinante al dilema planteado por Nemesio, y que hace alusión a la imposibilidad de que el espíritu humano ejerza como alma, es decir, como principio formal animador del cuerpo. Es decir, San Buenaventura deberá, entonces, no sólo resolver el dilema de Nemesio acerca de si el alma humana es sustancia o es forma, sino también responder satisfactoriamente a la postura averroísta, para la cual resulta contradictorio que cada individuo humano posea un propio principio intrínseco de carácter espiritual. Por lo tanto, la explicación que hace San Buenaventura al tema específico que nos ocupa presupone la doctrina metafísica del hilemorfismo universal.

 


A manera de conclusión...

En esta aproximación reflexiva sobre la concepción de hombre, de la unidad antropológica y de la inmortalidad del alma, es importante tener en cuenta las siguientes reflexiones finales. En algunas ocasiones, ciertas personas expresan que existe un antagonismo entre el alma y el cuerpo, y se presenta una sobrevaloración del alma con respecto al cuerpo. Por lo cual, es precisamente en la propuesta antropológica platónica donde se plasma que, el cuerpo es causa del error y del mal y, por lo tanto, es considerado como la cárcel del alma. De ahí que se manifieste que para el pensamiento socrático el verdadero filósofo asiste al encuentro con la muerte para alcanzar su emancipación del influjo pernicioso del cuerpo.

Según la fe cristiana, la resurrección y la salvación le están prometidas al hombre entero y, por ello, la cuestión de la inmortalidad del alma humana no ha sido siquiera la primera en ser planteada por los pensadores cristianos, sino que, desde el comienzo se ha hecho hincapié en la unidad inescindible de cuerpo y alma, aun cuando en ocasiones se careciera de una explicación filosófica adecuada para esta exigencia que surgía con evidencia desde los enunciados de la fe.

Otra disertación muy importante en torno a la unidad antropológico-filosófica desde los griegos a los medievales es que el alma existe antes que el cuerpo, y seguirá existiendo cuando éste muera. Es decir, que esa unión entre alma y cuerpo es algo antinatural: por lo cual se deduce que el hábitat propio del alma es el mundo de las ideas, que seguramente es de donde desciende para unirse a un cuerpo y a donde retornará. Desde luego, entendiéndose esta última manifestación como una prolongación platónica en los planteamientos de San Agustín.

Igualmente, se concluye que desde una influencia muy marcada por Platón, Agustín de Hipona manifiesta que en el hombre existen dos sustancias distintas, una espiritual y otra material. De lo cual podemos deducir, que el hombre es su alma pero igualmente, es importante resaltar que se trata de un alma racional que se sirve de un cuerpo mortal y terrestre.

Por lo expresado anteriormente, otro de los hallazgos importantes es que el hombre está conformado por dos elementos que tan unidos que no es posible concebirlo sin ambos. Por cuanto se trata de una unidad, más no de un dualismo. Es decir, estamos hablando de dos principios constitutivos de una única realidad psicosomática.

En este orden de ideas, es determinante que el hombre es corporeidad. Sin embargo, no se puede identificar sólo con su cuerpo, sino también, desde su alma. Desde esta perspectiva, el hombre es tan corporal como psíquico. Es decir, los estados anímicos del ser humano se ven reflejados en la parte física, y viceversa. Por lo tanto, sucede a menudo que el rostro de una persona nos puede mostrar la verdadera realidad.

En términos generales, esta concepción del hombre como unidad antropológica es la que predominará en el mundo occidental. Pero sin embargo, no debemos desconocer la tendencia hacia la cosificación del hombre, al entenderlo como sustancia, ya que la doctrina tomista concibe la persona como una sustancia compuesta, obviamente, se encuentra condicionada por el pensamiento aristotélico y, es precisamente, en el texto De Anima, que recurriendo al concepto de sustancia se propone entender la realidad del hombre.

En esta textura reflexiva, es de suma importancia concluir que la problemática en torno a la relación alma y cuerpo, no es sólo, ni predominantemente, religioso, a pesar que para algunas posturas contemporáneas el término alma presenta una connotación de carácter religioso. Por lo cual, deducimos que este concepto tiene su génesis en un contexto filosófico, que es necesario hacer relevancia al respecto.

Otra de las conclusiones, igualmente importante a las que se pude llegar es que Tomás de Aquino plasma constantemente en sus textos que el hombre no es sólo alma, sino un ser compuesto de alma y cuerpo. Es decir, el alma no es el hombre, sino sólo una parte del hombre. La tesis tomista fue defendida fuertemente con relación a ciertos planteamientos tradicionales que había acentuado los caracteres de espiritualidad e interioridad.

Según Aquino, el alma separada del cuerpo no es hombre, no puede llamarse persona, a pesar de las afirmaciones de una de las primeras autoridades, como es Pedro Lombardo y otros seguidores del platonismo, los cuales colocaban todo el ser sólo en el alma y, de igual manera, ocurre con el cuerpo.

Desde este punto de vista, creemos conveniente que otra de las reflexiones trascendentales es lo relacionado con la inmortalidad del alma, situación bastante debatida por esos tiempos. Y, es precisamente, en Aristóteles, donde se aprecia que en toda persona el alma se constituye como la forma del cuerpo, por lo tanto, se concluye que estos dos conceptos se conciben como la única sustancia natural, ante lo cual, se afirma que cuando el cuerpo perece, el alma también muere.

Por consiguiente, en lo anteriormente expresado, se refleja la propuesta aristotélica, para la cual el alma es tan corruptible como el cuerpo. Además, de su planteamiento de que el alma no es inmortal, el autor defiende la presencia en el hombre de un entendimiento incorruptible, para todos los hombres y no en forma individualizada. Pero igualmente, hay que tener en claro que el pensamiento aristotélico no fue claro al respecto y, por lo tanto, emergen diversidad de estudios, análisis e interpretaciones en el curso de la historia de la filosofía.

Es precisamente, en este sentido, como otra de las interpretaciones es la de Averroes, quien a partir de la pretensión de profesar una serie de planteamientos aristotélicos transparentes, considera que el alma de cada hombre no es inmortal, sino por el contrario tan mortal y corruptible como el cuerpo. Y es así como el averroísmo manifiesta de manera categórica y concluyente que el entendimiento es lo único inmortal.

Por lo tanto, dentro de este acervo interpretativo es necesario hacer alusión a otra de las deducciones, donde, el tomismo asevera que el aristotelismo plantea un entendimiento inmortal, entendido como una facultad superior del alma, por tanto, inmortal e incorruptible, sin embargo, no es el mismo para toda la Humanidad. Para la tendencia tomista, sobre todo, se debe tener en cuenta que el alma separada del cuerpo no es persona.

Continuando por este transitar reflexivo, analítico y concluyente es importante anotar que el hombre es entendido como sustancia compuesta de materia y forma y, que fue, a partir de estos planteamientos del hilomorfismo tomista, como los científicos interpretan el mundo.

Igualmente, se cree importante insertar en éste texto, una reflexión final en la cual se propende lograr la articulación entre este trabajo monográfico (Filosofía antropológica clásica y medieval) y la temática concerniente a mi tesis doctoral sobre LA FILOSOFIA DE LA LIBERACIÒN LATINOAMERICANA DE ENRIQUE DUSSEL: UNA REFLEXION AL CONCEPTO DE ALTERIDAD.

Kant, en la parte introductiva a las lecciones de Lógica sintetiza el campo de la filosofía y sus problemas básicos a los cuatro cuestionamientos trascendentales a saber; ¿qué puedo saber? (metafísica), ¿Qué puedo hacer? (moral), ¿qué puedo esperar? (religión) y ¿qué es el hombre? (antropología), pero que en términos generales, todo esto apunta a la cuestión antropológica, por cuanto las tres primeras preguntas se refieren a la última. Es decir, que el problema del hombre, en ningún momento se puede reducir a una simple preocupación teórica sino por el contrario él se encuentra vitalmente involucrado en el fondo de dicho interrogante.

Por lo tanto, dentro de las disertaciones o deducciones concernientes a nuestra monografía sobre CUERPO Y ALMA: UNA PERSPECTIVA ANTROPOLÓGIC0-FILOSÓFICA (DE LOS GRIEGOS A LOS MEDIEVALES), es importante destacar que la gran pregunta antropológica versa sobre la constitución fundamental, esencial del hombre que lo estructura en cuanto tal y lo diferencia de los demás seres de la naturaleza. Por consiguiente, se ha manifestado que la pregunta qué es el hombre, expresa de por sí una previa afirmación de una esencia ya determinada.

Por otra parte, dentro de esta reflexión final y desde la perspectiva dusseliana, el hombre latinoamericano debe ser concebido como un ser racional pero a la vez practico transformador, es decir, un ser cultural.

Por lo anteriormente manifestado, es la cultura la que se constituye como la clave fundamental para la comprensión misma de la estructura del hombre y de la historia, como lo manifiesta el mismo Cassirer:

En el mundo humano encontramos una característica nueva que parece constituir la marca distintiva de la vida del hombre. Su círculo funcional no sólo se ha ampliado cuantitativamente sino que ha sufrido también un cambio cualitativo. El hombre como si dijéramos ha descubierto un nuevo método para adaptarse a su ambiente. Entre el sistema receptor erector, que se encuentran en todas las demás especies animales, hallamos en él como un eslabón intermedio algo que podemos señalar como “sistema simbólico”. Esta nueva adquisición transforma la totalidad de la vida humana. (Cassirer, 1976, p. 47)

De ahí que, igualmente, en el contexto latinoamericano, la dimensión cultural se encuentra en relación con el carácter histórico de la existencia humana y el quehacer transformante respecto a su entorno a través de la praxis. Por lo tanto, constituye, además, el horizonte de la filosofía de la liberación latinoamericana, su núcleo central y su tan anhelada originalidad con relación a las diversas formas de hacer filosofía. Entonces, se lee y se reflexiona la realidad social desde la víctima, desde el hombre oprimido al interior de las dinámicas de la praxis liberadora

El punto de inicio desde esta perspectiva es distinto, es decir, no se trata de un filosofar desde un ser metafísico, sino por lo contrario es un escuchar al otro como punto de partida desde una eticidad, por no decir sumamente antropológico. Por tanto, aquí el sujeto es asumido filosóficamente desde la realidad social del continente latinoamericano, a partir de esta aseveración se evidencia la propuesta de una filosofía antropológica diferente pero que en ningún momento menosprecia el pensar universal más sin embargo apuesta a un sendero opuesto a la filosofía occidental.

El cometido de esta reflexión es precisamente hacer alusión a los planteamientos dusselianos sobre como la Filosofía de Liberación latinoamericana acoge el sistema fenomenológico de Emanuel Levinas. El cual, según el propio Dussel destruye los últimos vestigios existentes todavía en Heidegger. Es decir, el filosofar de la liberación latinoamericana asume la fenomenología de Levinas categorías tales como “rostro del otro”, “rostro del pobre”, “dimensión antropológica del hombre”, etcétera.

De ahí la importancia de relacionar la antropología helénica (clásica) con la de Enrique Dussel, como es el caso de la perspectiva "social-comunitaria" del hombre que en este último se sostiene. Y es precisamente en su Humanismo semita, donde se refleja la postura de Dussel y su evidente crítica al racionalismo y metafísica occidental.

Es evidente que el mundo ético se funda sobre una antropología. Los supuestos, la estructura antropológica determinan la moral. Como veremos, el semita concibe al hombre unitaria- mente, como un todo indivisible; en este sentido puede hablarse de monismo, por oposición al dualismo helénico. De igual modo, la visión semita de la realidad social se caracterizará por una solución propia que evita la ambigüedad de la visión helénica (de la solitaria bonita, en irreductible contradicción con la unidad genérica y totalizante de la polis). La política y la ética semitas se originan en su monismo antrópico, que no necesita concebir un dualismo óntico-ético tal como el soroastrismo lo expresa, por la entificación objetiva en “dos” poderes opuestos que existencian el “bien” y el “mal”. Es, entonces, una posición sui generis entre el dualismo antrópico de los griegos y el dualismo o pluralismo jerárquico (los “poderes”) óntico-ético de las religiones iránicas. (Dussel, 1969, p. 21)

Igualmente, en este importante texto dusseliano, podemos destacar el siguiente enunciado:

En nuestro tiempo, el hecho de que la existencia humana ha sido redescubierta no como “teniendo un cuerpo”, sino como “siendo un cuerpo”, nos permite investigar los orígenes mismos de este elemento esencial de nuestro modo de existir. (Dussel, 1969, p. 22)

Por lo tanto, en las anteriores líneas el pensador argentino hace notar como la dispersión fundamental y, prácticamente, la desaparición de la “corporalidad” es el resultado del dualismo cartesiano y kantiano. Es decir, la postura idealista moderna minimiza al hombre a una simple subjetividad, a un cogito descorporalizado. El descubrimiento del mundo ha exigido al mismo tiempo la revaloración del cuerpo, de la “corporalidad” de la existencia, que no es la mera res extensa. 



Referencias

 Agustín de Hipona: Capanaga, V. (1947) Obras de San Agustín, Edición bilingüe latín-español, Madrid.

 Aristóteles: Didot, A, F. Opera omnia, Graece et. Latine. Paris.

Cassirer, E. (1976). Antropología filosófica. México: FCE, 47

Dussel, E. (1969). El humanismo semita. Buenos Aíres: Eudeba, 21

Filippi, S. (2010). Helenismo y cristianismo en torno a la inmortalidad del alma y la esperanza de vida después de la muerte. En: Actas del II Simposio Internacional Helenismo Cristianismo (II SIHC), Buenos Aires, Argentina.

Reale, G. & Antiseri, D. (1991). Historia del pensamiento filosófico y científico. Barcelona: Editorial Herder. 497p


Artículos

Filippi, Silvana. “El alma unida al cuerpo es más semejante a Dios. Reflexiones sobre el rol de la corporeidad en la antropología tomista” en XXXII Semana tomista.

“Helenismo y cristianismo en torno a la inmortalidad del alma y la esperanza de vida después de la muerte”. En Helenismo Cristianismo, Actas del II Simposio Internacional Helenismo Cristianismo (II SIHC) 2010, publicación online, Mara Alesso y Raquel Miranda (eds.), EdUNLPampa, Universidad de Gral. Sarmiento- Universidad Nacional de la Pampa, Los Polvorines, Buenos Aires.

 

  



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