jueves, 24 de junio de 2010

Una parte de Auxilio UNAM, Golpeadores y Provocadores


Nuevamente necesario, detener el aparato de represión y espionaje en la Universidad

Antes de la huelga estudiantil de 1999, la prepotencia de las autoridades universitarias se extendía por toda la UNAM. Desde la rectoría, históricamente, se han organizado y financiado grupos de porros y golpeadores; contratando además orejas, y haciendo uso de todo un aparato de espionaje para registrar a los estudiantes a cada paso. El objetivo era, por supuesto, contener la rebeldía de los alumnos, doblegar su resistencia y de esa manera hacer pasar las imposiciones, reformas neoliberales, cuotas, expulsiones, todas la políticas de elitización y privatización de la UNAM, que el gobierno y las autoridades siempre han soñado.

Además de los grupos de porros, la rectoría ha usado en diferentes momentos a Auxilio UNAM, como cuerpo de choque contra los estudiantes. El mejor ejemplo fue Brígido Navarrete, el mercenario mayor de la rectoría, que antes y durante la huelga estudiantil de hace 10 años, orquestó la represión, contrató golpeadores, usaba la infraestructura de la Universidad para atacar a los activistas estudiantiles, mandaba amenazar a los que se organizaban, organizó el robo de autos como negocio dentro de Ciudad Universitaria, pero también como mecanismo de amenaza a los que se atrevían a contradecir los designios de la autoridad.

Por fortuna los estudiantes se levantaron, y con esa huelga del CGH, además de ganar la gratuidad en la UNAM, hicieron pedazos todo ese aparato de represión y espionaje. Brígido Navarreta pasó a la sombra, y aunque siguió actuando, la correlación de fuerzas le fue muy adversa. Durante años tuvo que actuar maniatado por la rebeldía universitaria, que se expresaba en los colectivos estudiantiles, las asambleas y las movilizaciones en todas y cada una de las escuelas. Hoy, el movimiento estudiantil sigue vivo, pero es evidente, incluso para las autoridades que ya no actúa con el vigor y la fuerza de hace unos años.

José Narro, actual rector de la UNAM, hace 10 años estuvo del lado de los que encarcelaron a mil estudiantes huelguistas, encabezó el ataque a los colectivos y activistas estudiantiles. No pudo acallarlos, por el contrario, se vio obligado a hacerse pasar a sí mismo como defensor de la educación, que en realidad siempre ha querido elitizar. Ahora sale en los medios, haciendo declaraciones en favor de la educación pública, de la gratuidad, de la ampliación de la matrícula. Incluso frente a problemas como el del SME o el narcotráfico, se muestra como oposición al gobierno de Calderón. Se trata realmente de un gran disfráz.

¿Qué ha cambiado en la UNAM?, ¿con quiénes está haciendo alianzas José Narro?, ¿por qué eligieron este momento para volver a las andadas? No lo sabemos, pero es un hecho que de unos meses para acá, la rectoría ha comenzado a endurecerse y actuar como antaño, con despotismo y prepotencia.

Auxilio UNAM ha vuelto a las andadas, no como el cuerpo de vigilancia que debería ser, sino como policía universitaria y cuerpo de choque, agrediendo estudiantes, inhibiendo su organización y sus movilizaciones. Un ejemplo de ello, es la intentona de prohibir el acto “Un goya por la libertad”, que se realizó el jueves 27 de mayo en el espejo de agua de CU.

El acto fue organizado por diversos colectivos de la universidad, agrupados en la Coordinadora Universitaria por la libertad de los presos políticos de Atenco, junto con el Comité Libertad y Justicia para Atenco, con el objetivo de hacer escuchar la voz de los universitarios frente a la próxima resolución de la Suprema Corte en torno al caso Atenco, y decir fuerte y claro que exigimos sean liberados ya los 12 presos que aun se encuentran purgando sentencias por el sólo hecho de protestar frente al despojo y defender sus tierras.

Desde un día antes se puso la lona en el espejo de agua, semanas antes se anunció el acto, se sacaron tres cartas en La Jornada anunciándolo. Miles de carteles propaganizaron el evento político cultural, al menos en todo Ciudad Universitaria. La rectoría, dice, no vio nada de esto.

El día 27 por la mañana, el sonido debía ser instalado, para comenzar con las pruebas y tener todo listo al medio día, cuando se darían cita miles de estudiantes, con representantes de organizaciones defensoras de los derechos humanos, cantantes, escritores, intelectuales, profesores, etc., para exigir desde la UNAM la liberación inmediata de los presos de Atenco. Confirmaron su presencia Adolfo Gilly, Luis Hernández Navarro, Gillermo Almeyra, Daniel Giménez Cacho, Hugo Aboites, Rubén de Café Tacuba, Rocco de la Maldita Vecindad, el grupo Los de Abajo, y un gran número de participantes más. Incluso confirmó su asistencia el Alto comisionado de la ONU en México para la defensa de los Derechos Humanos. Este acto político por la libertad fue todo el tiempo obstaculizado por José Narro, sus enviados de la rectoría y los golpeadores de Auxilio UNAM.

Pasadas las 6 de la mañana, el camión del sonido fue interceptado por patrullas de vigilancia de la Universidad, y sin más explicación, dicen que no podemos pasar por carecer de “permiso” para hacer un acto. ¿De cuándo a acá se necesita un “permiso” para manifestarte?, ¿son ellos los que se autoerigen como reguladores de los que sí pueden hacer actos y quiénes no? ¡Era un absurdo! Los estudiantes de los colectivos presentes decidimos oponernos a este atropello a nuestros derechos políticos más básicos, y le exigimos a la autoridad dejar su despotismo y hacerse a un lado para poder continuar con los preparativos del evento. No accedieron, por el contrario, llamaron a más patrullas de Auxilio UNAM y hasta gruas, para mover dos autos de los estudiantes que se encontraban en el circuito. Nuestra respuesta fue impedir que se llevaran los autos, poniendo nuestros cuerpos frente a las gruas para que no avanzaran. Le hicimos saber a “El Cobra”, autoridad que dirigía a los gorilas de vigilancia, que si no liberaban el camión a las 8 am, descargaríamos el sonido y hariamos el acto ahí, frente a la Facultad de Derecho.

La respuesta de ellos fue más violencia, llegaron decenas de elementos de vigilancia, intentaron amedrentarnos, y al no tener una respuesta positiva decidimos descargar el camión. Una patrulla impedía bajar la plataforma trasera, y otras bloqueaban la parte delantera. El camión avanzó unos centímetros para poder bajar la plataforma, mientras los estudiantes impedían con sus cuerpos que las patrullas avanzaran para impedirlo. En la parte de adelante, a uno de los gorilas no le importó y arrancó la patrulla de Auxilio UNAM para atrás, empujando a los estudiantes que ahí se encontraban.

Logramos bajar la plataforma, pero los gorilas no se quedaron con los brazos cruzados, después de un momento se desplegaron para mover violentamente a los estudiantes que resguardaban la parte trasera del camión y con toda su brutalidad subieron por la fuerza la plataforma, y se quedaron ahí, impidiendo que descargáramos el sonido y el templete del acto. La actitud de estas personas, no es la de otros momentos, donde por ser su trabajo, los vigilantes hacen lo que se les ordena, pero sin agredir a los alumnos. No, esta vez se trataba de golpeadores que se empeñaban en impedir, a como dé lugar, el acto universitario por la liberad de los presos de Atenco.

La indignación creció, tanto los activistas estudiantiles, como los alumnos, profesores y trabajadores universitarios que transitaban por ahí, mostraban su repudio a la actitud de las autoridades y Auxilio UNAM. “Ellos no pueden decir quién puede manifestarse y quién no”, “en nuestra facultad (Derecho), nos enseñan lo que es la libertad, los derechos civiles, no puede ser que la rectoría haga esto”, en varios momentos algunos estudiantes, con traje y todo, se incorporaron a bloquear las gruas que intentaba llevarse los vehículos de los organizadores del acto.

Después de 3 horas de conflicto y de tener parado el circuito universitario, llegó Jaime Vázquez, funcionario de Servicios a la Comunidad para decir que “no podíamos hacer un acto en el espejo de agua”, sus pretextos: que no estaban permitidos los “toquines” y que los asistentes se “robarían libros de la feria instalada atrás de la biblioteca central”. ¡Absurdo!

Le dijimos que hicieran lo que quisieran, pero que no permitiríamos que el acto fuera prohibido, y propusimos que el acto, si es que el miedo de la rectoría era la afectación a la feria del libro, se realizara abajo, sobre las islas. Una vez más, no accedieron, como no lo hicieron con una seria de alternativas que dimos, siempre con la convicción y la seguridad de que el acto debía realizarse, pues algo que no podía ocurrir es que las autoridades lograran impedir su realización.

Eran oidos sordos, no aceptaban nada, realmente querían impedir el acto. Pasadas las 10 de la mañana, decidimos no esperar más. Ya para entonces habían llegado más estudiantes, se tenía más fuerza, y también la indignación había crecido. Un grupo de compañeras enfrentó a los gorilas de Auxilio UNAM, de inmediato todos actuaron para moverlos de la plataforma del camión. Ellos respondieron con jalones, empujones, golpes y amenazas, pero lo logramos, extendimos la plataforma y comenzamos a sacar el templete y el sonido. Se hicieron vallas de resguardo, lineas de estudiantes para transportar todo el equipo.

Llegó nuevamente el enviado de la rectoría, una vez más intentó detener todo, alargar la instalación del acto. Propusieron que hiciérmos el acto en “un estadio de prácticas”, intentaron que nos fuéramos detrás de la torre II de humanidades, no lo aceptamos. Si es que nunca la tuvo, ya para esa hora menos, su voz tenía nula calida moral. Se transportó el templete donde originalmente estaba convocado el acto, en el espejo de agua, y las autoridades llevaron un sonido, para intentar controlar la intensidad del acto y que no tocaran Los de Abajo ni ningún otro grupo. Como si se tratara de un grupo fasista, se empeñaron en que nuestro acto no tuviera música. Las guitarras, las baterías, los amplificadores, ¡estaban prohibidos! José Narro está loco si cree que los estudiantes nos vamos a doblegar a tales tonterías.

Todo el tiempo dijeron que el problema era el “ruido”, que por eso no querían el sonido. Pero siempre actuaron no sólo contra el sonido, sino contra el templete, la lona, los estudiantes ¡y hasta contra los invitados al acto! Cuando llegaron a CU tres huelguistas de hambre del SME en una ambulancia, en la caseta de vigilancia de Cerro del Agua, los vigilantes fueron bien explícitos: “el SME no va a pasar”. ¡No que el problema era el sonido! ¡Vaya despotismo! Queda claro que lo que no quieren son estudiantes concientes, y menos haciendo actos en solidaridad con las luchas de nuestro pueblo.

Amenazaron con quitarnos la luz si subíamos a alguien a tocar. Pues subimos a siete: Cayo Vicente, El mastuerzo, León Chávez Teixeiro, Leticia Servin, Lengua Alerta, Gabo Revueltas y Los de Abajo amenizaron el acto con sus cantos de conciencia. Este último grupo, los de Abajo, sufrieron del acoso de la rectoría, patrullas de policías de la ciudad, y de auxilio UNAM, intentaron impedir que bajaran sus equipo, pero con gran dignidad, los integrantes se aferraron a hacer respetar sus derechos, y sacaron lo escencial para poder tocar, y lo hicieron. La rectoría no se atrevió a desconectarnos la luz, como amenazó, pero si lo hubieran hecho, ya un par de electricistas del SME nos habían dado algunas opciones.

Los estudiantes organizadores del acto por la libertad de los presos políticos de Atenco, ceemos que lo ocurrido es no sólo inaceptable, sino muy riesgoso, si dejamos que su sobervia crezca, pronto no podremos hacer ningún acto ni protesta. Sienten el poder y están tentados a volver a usarlo como antes de la huelga del CGH. Quisieran de vuelta a un nuevo Brígido Navarrete, una policía universitaria represora, espias por todos lados.

Ya montaron, nuevamente, sus camaras para vigilar a los alumnos. Poco les falta para volvar toda su autoritarismo contra la rebeldía universitaria. No podemos permitirlo, es momento de ponerles un alto, ahora, con la fuerza estudiantil, si no lo hacemos, luego será más difícil.

Los actos políticos y culturales, por ningún motivo deben ser impedidos por las autoridades. Es deber de todos defender nuestro derecho a la expresión, hasta las últimas consecuencias.

Fuera gorilas golpeadores de Auxilio UNAM

A detener, nuevamente, el aparato de represión y espinaje en la Universidad

CGH-Ho Chi Minh

Junio de 2010

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